Lección 356: Curar es invocar el nombre de Dios
Estamos en la cuenta regresiva. Hace 356 días nos propusimos hacer un trabajo santo; quizá entonces no sabías bien por qué, pero sentías un llamado. Esta lección llega después de la lección 355, donde nos preguntábamos por qué no aceptar la paz hoy, y ya estamos preparados para entender el mensaje último del Curso.
¿Qué significa «la curación no es sino otro nombre para Dios»?
Al principio, cuando empezaste a leer el libro y a hacer las lecciones, el Curso le hablaba a la parte de tu mente que estaba confundida, la que aún giraba en ilusiones. Cada vez más, y recién sobre el final, Jesús empieza a hablarle a nuestra parte real. ¿Por qué no lo hizo antes? Porque no lo hubiéramos entendido. El libro es un canal para que puedas reconocer a Dios en tu interior y liberar la ilusión de ser un ser separado, y su tarea es acompañarte hasta el umbral del cielo.
La forma en que esta lección lo enseña es la siguiente: enfermedad y pecado son lo mismo, y no tienen que ver con el cuerpo. Aquí enfermedad es la idea de haberse equivocado, la idea de que hay algo en el pasado que es inalterable y que todavía pervive en la mente. Tal como eres, eres la perfección creada. Y si el tema te toca de cerca, por una enfermedad tuya o de alguien que quieres, busca también acompañamiento profesional: esta lección habla de la mente y no reemplaza ningún tratamiento.
¿Por qué no se puede entender, sino sentir?
Puedes decirme que no lo entiendes. Es que no lo vas a entender, porque la parte de la mente que usamos para entender es el ego. Esto no es entendimiento sino conocimiento. Si intentas comprenderlo racionalmente, vas por un callejón sin salida. Tienes que sentirlo y reconocer, con total claridad, a Dios en tu interior.
Por eso la lección dice que cada vez que invocas a Dios estás curando. «Dios» es, en español, una palabra de cuatro letras; pero lo que hay en esa palabra es la curación misma, cuando la palabra se salva, es decir, cuando pierde la connotación egoísta de las religiones y se convierte en el nombre de la creación, el nombre del Creador. Y entonces ocurre lo que dice el Curso: al invocar el nombre del Padre, el Hijo invoca el suyo propio. Sobre quién es Dios para el Curso tienes quién es Dios, más allá del señor enojado.
¿Cómo practicar la lección 356 hoy?
- Repite la frase de la lección y deja que penetre, sin intentar explicártela.
- Invoca la palabra «Dios» durante el día como la que deshace toda ilusión y te hace reconocer tu verdadero ser.
- Pronúnciala con tu propia boca: si no la escuchas a través de tus labios, ¿cómo vas a escucharla? Recuerda que lo que enseñas es lo que aprenderás.
- Si te descubres tratando de entender, suelta: esto no es comprensible, es reconocible.
- Termina el día diciendo simplemente «gracias».
¿Qué cambia cuando la practicas?
Hoy la palabra Dios no es la que traías antes de empezar el Curso. Es la palabra que invoca tu verdadero nombre, tu verdadera voz y la curación. Ya no hay otro nombre: cuando la invocas, te estás invocando a ti. Por eso cuando abrazo a alguien me estoy abrazando a mí mismo, porque somos el ser uno, el Hijo de Dios. Para ver cómo el Curso entiende el milagro, lee qué es un milagro según el Curso. Mañana seguimos con la lección 357, donde la verdad contesta con milagros.
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