Lección 94: Soy tal como Dios me creó
Seguramente te preguntaste alguna vez qué es la salvación, cómo se alcanza, qué tendrías que hacer o dejar de hacer. Los conceptos giran en la mente sin llegar a ningún lado. Esta lección, que sigue a la lección 93, te da una respuesta de cinco palabras.
¿Qué significa «Soy tal como Dios me creó»?
El Curso te explica que esta es la lección con la que se alcanza la salvación. Con lo que venimos trabajando, lo único que hace es afirmar algo básico: no te creaste a ti mismo. No eres tu propio creador, no puedes crearte. No importan las ideas que tengas sobre la creación, sobre la vida o sobre la verdad: hay algo que nos ha creado, que es nuestra fuente, y nosotros hemos elegido separarnos de ella.
Y en esa separación hemos fabricado un ser que sufre, que teme, que lucha con otros, que ataca, que solo se reconoce en el cuerpo y solo mira los cuerpos de los demás. El Curso lo describe como completa demencia. Si quieres ver de dónde sale esa separación, lee qué es la separación según el Curso.
¿Por qué sufre el ser que fabricaste?
Esto no es muy complicado de comprobar, en personas que conoces o en tu propia mente: mientras más se identifica alguien con lo material y lo físico, más sufre. La persona totalmente identificada con su cuerpo está todo el tiempo pendiente de él, si pesa tanto o menos, si tiene arrugas o no. A medida que te desidentificas, vas notando que tu cuerpo es solo un canal de comunicación de la mente.
También hay ideas egocéntricas que parecen nobles. Pensamos que sacrificarnos por otros o tener miedo por ellos es una visión altruista, que preocuparnos es compasivo. Pero eso es egocéntrico y, en palabras del Curso, demente, porque el Hijo de Dios, la verdad que somos, no muere, ni se preocupa, ni lucha. Más sobre este punto en cómo soltar la culpa nacida del sacrificio.
¿Cómo practicar la lección 94 hoy?
Hoy es un día para ir más profundo. Estos son los pasos:
- En la sesión, deja a un lado todas tus ideas egocéntricas, tu historia, tu cuerpo y la escuela a la que fuiste.
- Trata de llegar al Hijo de Dios que hay en tu interior: el Hijo de la creación, la perfección.
- Recuerda que Hijo e Hija son solo palabras; el Ser que buscas no tiene género.
- Durante el día, cuando sientas resentimiento por alguien, pon en tu mente la frase de la lección.
- Mira a esa persona y di en tu interior: «eres tal como Dios te creó, eres su Hijo eternamente».
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no lo sientes?
Lo que cambia es la mirada. El Hijo de Dios que reconoces en ti no te hace especial en absoluto; demuestra tu igualdad con todo ser. De ahí nace la verdadera compasión: verme en el otro, amarme a través del otro, reconocer la unidad que hay en cada uno. Nuestro trabajo no es construir una filosofía sobre esto, sino reconocerlo, para que cuando nos miremos a los ojos veamos la santidad que somos en cada espejo que nos trae la vida. Para profundizar, lee qué significa que el Hijo de Dios es inocente.
Por eso esta lección ya nos pide ir más allá. No es solo que no tengas temor: es que reconozcas ese falso ser que cada uno fue armando, al que llamamos ego, para reconocer el Ser que es tal como Dios lo creó. No como yo lo elija, ni como lo elijas tú. Con esta idea se alcanza la salvación, porque devuelve tu mente a su lugar de partida y desmonta todo el viaje del ego hecho para reemplazar la verdad que compartimos.
Si hoy no lo sientes, no pasa nada: la práctica la haces igual, y se afirma con los días. Si un resentimiento te supera, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 95, soy un solo Ser unido a mi Creador. Bendito día.
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