Lección 93: La luz, la dicha y la paz moran en mí
Puedes haber aprendido muchísimo sobre espiritualidad y, aun así, sentir que la paz es para otros. ¿Por qué? Esta lección responde con una precisión que sorprende, y llega después de la lección 92, donde la luz y la fortaleza eran una.
¿Qué significa «La luz, la dicha y la paz moran en mí»?
Es una lección que nos propone mostrarnos algo que todavía nos cuesta creer. Y claro: dentro del esquema de creencias con el que arrancaste el Curso, esto no resulta creíble. Fíjate cómo el libro conoce tan bien el funcionamiento de tu mente que te explica exactamente lo que ocurre en ti: todavía no piensas que la luz, la dicha y la paz estén en tu interior.
Esto es para que lo veas hoy mientras haces la práctica. A veces empezamos un camino espiritual y aprendemos muchas cosas, pero ese aprendizaje se lo apropia el ser que hemos fabricado. Y el Curso es claro: ese ser que crees ser no es en absoluto el Hijo de Dios. Cuando se habla del Hijo de Dios, no tiene nada que ver con lo que piensas que eres. Si quieres ahondar en esto, te dejo quién eres tú realmente.
¿Por qué cuesta tanto aceptarlo?
Porque hay creencias que hay que disolver por completo, y el Curso es un libro pensado para quienes ya han pedido liberarse. ¿Y de qué te liberas? De lo único de lo que tienes que liberarte: de ese ser falso, con su personalidad, su historia, sus ideas y sus rasgos de carácter. Ese ser que se equivoca, que duda, que a veces miente, se autoengaña o teme decir la verdad, que tiene ansiedad de no llegar a algún lado, no existe en absoluto: es irreal.
Y no, no pasas a ser un ser indiferenciado. La gente seguirá apreciando tu buen humor, tu sonrisa, ciertos rasgos tuyos. La diferencia es que ya no estarás identificado con eso: la única identificación en tu mente será con el Ser real. En qué es el ego según el Curso verás cómo se arma esa personalidad.
¿Cómo practicar la lección 93 hoy?
El Curso dice que la salvación requiere aceptar un solo pensamiento: eres tal como Dios te creó. Para eso te propongo estos pasos:
- En cada sesión de práctica, cierra los ojos y empieza a descartar de manera sistemática todos tus pensamientos.
- Siéntate con un solo pensamiento de verdad: eres tal como Dios te creó, sin importar lo que pienses de ti.
- Convence a tu mente de que la idea del día es verdad; recuerda que tu mente todavía está identificada con un esquema de creencias.
- Nota la lucha interna entre el ser que fabricaste, con su edad, su cuerpo y su forma de reaccionar, y el Ser infinito que le da vida a todo.
- No imagines ni crees la luz, la dicha y la paz: solo reconócelas.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si las creencias vuelven?
Vas notando algo que quizá ya experimentaste: no importa lo que pienses, la vida sigue siendo vida. Puedes cambiar de pensamiento en este instante y tu vida sigue siendo vida. Eso que eres no es una idea ni un pensamiento en una mente separada, sino un pensamiento en la mente infinita. Por eso se te pide experimentar la unidad de tu único Ser, no del que fabricaste con sus creencias.
Si hoy esas creencias vuelven y vuelven, es normal; todavía tienen mucho poder. Esa luz, esa dicha y esa paz no hay que imaginarlas ni crearlas: hay que reconocerlas para vivir en esa fuente, en ese altar de la vida que es tu verdadero Ser. Estas sesiones son sesiones santas en las que vas cambiando lo que fabricaste por el Ser real, impecable, inmutable y santo que somos. Si la sensación de vacío o angustia es intensa, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 94, soy tal como Dios me creó. Bendito día, el de hoy.
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