Amor propio: tu valor no lo decides tú
Si el amor no es propiedad de nadie, ¿qué significa amarte? La pregunta suena rara porque estamos acostumbrados a hablar de «amor propio», y por eso conviene empezar aclarando de qué amor hablo.
¿Qué es el amor propio desde lo espiritual?
Lo aclaro porque es importante: no hablo del amor propio como se le suele llamar, medio infantilmente, porque el amor no es propiedad de alguien. Hablo del amor divino. Tampoco se trata de «valorarte más». Por eso esa idea de amor propio, la de tener que valorarte a ti mismo, no tiene mucho sentido: tu valor lo determina Dios. Vales por ser una creación del amor infinito, y ese valor es incondicional, inconmensurable.
Si una perla es arrojada al barro, no perderá su valor, y si se unge con bálsamo, no aumentará su valor. (…) De la misma manera, los hijos de Dios son preciosos a los ojos del Padre, sin importar sus circunstancias de vida.
— Evangelio de Felipe
Lo que sí te propongo es que puedas sentir un amor por ti increíble. Y para eso no hace falta convencerte de que vales, sino empezar a entender quién eres.
¿Por qué me cuesta amarme?
Porque tenemos bloqueada la capacidad de amar por el miedo que sentimos. El miedo es como un gran bloqueo que no nos deja ver el amor infinito que somos. Y nuestra mente está entrenada para tres cosas que lo tapan:
Para juzgar. Constantemente determinamos si algo es bueno o malo, positivo o negativo, y empezamos por nosotros mismos.
Para temer. Muchos de tus pensamientos dan por sentado que algo puede fallar. Incluso en los momentos que disfrutamos, estamos pensando que se va a acabar.
Para traer viejos rencores. Estás con alguien, te viene un recuerdo, y una situación que podía ser espectacular pasa a ser una situación de sufrimiento.
Además estamos entrenados para distraernos todo el tiempo y no darnos espacio para sentir ese amor. Pensamos que dedicarnos tiempo es egoísta. Pero el egoísmo real es otro: estar en el ego es la forma de lastimarte a ti. Si pasas horas girando en tu mente, juzgándote y sintiéndote mal, el que sufre eres tú. No te estás amando.
¿Se puede amar a otro sin amarte?
Hace unos diez años, en la relación de pareja más larga que tuve, ella me dijo «te amo» y yo no le pude decir «te amo». Ahí me di cuenta de que no sabía amar. No podía amarla porque no me estaba amando, y porque el amor para mí estaba más ligado a algo romántico, casi de telenovela, que a entender quién soy. Nos separamos, y eso comenzó todo un camino espiritual de búsqueda.
Por eso te invito a dejar de buscar el amor afuera. No porque no vayas a encontrar personas que te amen, sino porque dejas de ser un ser dependiente de lo que hay afuera y empiezas a descubrir la luz que hay en tu interior.
¿Qué es entonces amarse a uno mismo?
El amor, antes que nada, es la capacidad de ser. El mero hecho de ser ya es amor, y estamos siendo todo el tiempo; lo que pasa es que queda bloqueado. También es la capacidad de expresarte, desde el amor y no para culpar o atacar a otro. Yo de adolescente no podía hablar, tenía totalmente vedada la capacidad de expresarme, y me llevó años desbloquearla. Y es la capacidad de conocerte: no el personaje que le vendes a los otros, sino como te conoce la vida, como te conoce Dios. La forma más fácil de amarte es dedicarle tiempo de calidad a conocer quién eres.
Por eso hablo de tres claves del amor que van en secuencia: conocerte a ti mismo, conocer tu propósito y conocer a Dios. Tu propósito no es solo trabajar: es algo que te entusiasma, te da sentido, te conecta con otros y te lleva a un estado de paz. Y conocer a Dios, al final, es conocerte a ti.
¿Cómo empezar a amarte hoy?
Hay cinco amores que conviene empezar a integrar:
Ama lo vivido. Deja de odiar tu pasado y de culparte por él. Ya pasó. Hay un propósito detrás.
Ama lo aprendido. No juzgues más hacia atrás. Si alguien te enseñó algo que no te servía, ámalo y suéltalo.
Ama tus emociones. En lugar de luchar con ellas, entiende que tienen un mensaje. Ama tu miedo y vas a ver cómo se disuelve bajo el influjo del amor.
Ama tus pensamientos. No les hagas tanto caso, pero deja de pelearte con ellos, y vas a sentir un alivio.
Ama el presente. Es lo más difícil: deja de pelear con lo que no sabes si va a salir bien y empieza a amar tu vida.
Y mídelo en horas, no en minutos. Pregúntate cuántas horas le vas a dedicar este año a conocerte: a estudiar, a meditar, a observarte, a indagar por qué te sientes como te sientes y qué patrones sigues sosteniendo. No hace falta cancelar tu agenda: el autoconocimiento también ocurre en tu trabajo y en tu pareja. Es una decisión de madurez y de amor hacia ti.
Si todavía te juzgas, el paso siguiente es el perdón, que es el puente para alcanzar ese amor. Más allá de todas las dificultades que viviste, en ti hay un amor maravilloso. Ese amor es Dios.


