El miedo al abandono nace de creerte separado
Tu pareja tarda tres horas en contestar un mensaje y ya estás imaginando que se fue. O sigues en una relación que no te hace bien porque la idea de que te dejen te parece peor que quedarte. Sabes que es exagerado, y aun así el cuerpo reacciona antes que tu razón.
¿De dónde viene la herida de abandono?
De una idea: la de ser una mente separada. Cuando creemos que estamos separados de todo, cada uno arma una historia aparte, un mundo privado que no puede compartir con nadie. En ese mundo, lo normal es pensar que necesitas encontrar a alguien que te acompañe para no pasarla solo. Es la idea de separación, no un hecho. Eso no significa que no puedas compartir tu vida con otra persona en armonía; es maravilloso. Lo que cambia es el motivo: no la compañía por miedo a quedarte sin ella.
El miedo también se aprende. Casi siempre lo viste en tu madre, en tu padre o en situaciones de tu familia. Y casi todo dolor de infancia viene de alguna forma de rechazo. No se trata de negar lo que pasó: hay que dejar de ocultar que hubo cosas que dolieron. Pero tampoco hace falta quedarse a vivir ahí. Una persona me escribió que la habían abandonado a los cuatro años. Le pregunté cuántos años tenía ahora y hasta cuándo iba a seguir con la película. Si quieres ver cómo se trabaja la infancia sin quedarte en ella, tienes cómo sanar las heridas de la infancia.
¿Alguien puede abandonarme?
Lo que voy a decirte suena fuerte: nadie puede abandonarte. Alguien puede dejar de querer estar contigo, y ya. Lo que sí puedes tú es abandonarte a ti mismo, y es no conocerte. Esa creencia infantil la aprendiste de la cultura y de tu familia. No le quita realidad al dolor: lo que dolió, dolió. Lo que cambia es dónde lo buscas.
Un Curso de Milagros tiene una sección llamada «La única relación real» que dice que te relaciones únicamente con lo que nunca te abandonará. Eso que eres no puede abandonarte, ni puedes abandonarlo. Puedes dejar tu casa, a una persona o una videollamada; lo que eres no. Si te vas a una isla desierta con un lío enorme en la cabeza, el lío te acompaña. Y si estás en paz, esa paz también te acompaña en el lugar más difícil.
Lo mismo pasa con la soledad: si tu mente cree que está sola, puedes estar en un estadio con cinco mil personas y sentirte solo. Buscar pareja para llenar ese vacío termina dejándote más solo, porque nadie puede hacerte sentir acompañado si tu mente se cree sola. Lo expliqué en por qué me siento solo aunque esté rodeado de gente, y la idea de fondo del rechazo la trabajo en miedo al rechazo.
¿Cómo sano la herida de abandono sin quedarme en la infancia?
Con un dato del Curso que tardé en entender: los pensamientos no abandonan su fuente. Si tengo la idea de que alguien me dejó, la idea no está en él, está en mi mente. Si estuviera afuera, no podría hacer nada. Como está adentro, tengo el poder de mirarla y soltarla.
A veces ni siquiera hay un pensamiento. Aparece una emoción y no sabes de dónde. Es como el perro al que le daban de comer cada vez que sonaba una campanita: terminó esperando la comida con solo oír la campana. La mente también aprende estímulo y respuesta, y eso hay que identificarlo y perdonarlo. La idea de abandono sigue en tu mente hasta que la liberas, y mientras tanto solo está ahí. Si repites ese patrón en tus vínculos, el apego ansioso te lo describe.
Y hay un paso que casi nadie da: cierra los ojos y siéntete a ti. Vas a ver que siempre estás contigo; no hay escapatoria. No hay vez en la que tú no estés.
¿Y si la persona sí se fue o me hizo daño?
No le des a nadie la potestad sobre tu vida. Es una entrega que haces y que puedes retirar. Si te dejaron, la pregunta no es qué hiciste mal: es qué idea de ti estaba dependiendo de esa persona. Si la relación tiene violencia, primero te cuidas y te alejas; perdonar no es quedarse. Y si el sufrimiento es muy fuerte, busca ayuda profesional además de este camino.
En el curso gratuito Vivir en paz interior te llevas una forma de mirar tus pensamientos y de empezar a soltar las ideas que te hacen sentir solo.

