Lección 100: Tu papel es la dicha, no la tristeza
¿Y si tu tristeza no fuera una prueba de que eres sensible, sino una forma de no ocupar tu lugar? Es una pregunta incómoda, y es justo la que abre la lección 100, que continúa la lección 99 sobre la salvación como tu función.
¿Qué significa «Mi papel en el plan de Dios para la salvación es esencial»?
Ahora empezamos a entender lo importante que es tu lugar. El Curso lo explica de una forma muy simple: cada vez que estás triste, no estás cumpliendo tu lugar en el plan divino. Ese plan, te lo recuerdo, también es tu plan.
La felicidad es la puerta al Espíritu. Dios te crea en dicha y tú aceptas al Creador en dicha, y cuando aparece esa plenitud te vuelves la visión de Dios encarnada: un ejemplo de ser dichoso, amoroso, amable, considerado. La salvación es, ni más ni menos, la liberación de la tristeza.
Hay un lugar en el plan divino donde eres completamente dichoso, y esa felicidad que hay en ti es la que vas a dar. Por eso hoy eres un mensajero de Dios: cuando las personas ven esa dicha, empiezan a entender la conexión que hay entre todos.
¿Por qué cuesta tanto soltar la tristeza?
Porque es el movimiento del ego, esa parte de la mente completamente ilusoria que se autoengaña, finge morir y finge poder atacar a otro: un gran fingimiento. Por eso hoy el Curso te pide que observes la hipocresía que hay en sentirte triste. Es una palabra fuerte, lo sé, pero la uso para señalar un engaño propio, no para juzgarte. Todo eso es, en el fondo, miedo a Dios: ignorancia y desconocimiento.
Ayer veíamos que el Espíritu Santo no ve dolor ni muerte porque está conectado directamente con la fuente de la dicha y sabe que todo eso es parte de un juego temporal. La voz que te pido que escuches es la voz de Dios, y habla desde la eternidad. Tu cuerpo va a morir, obvio, y no hace falta engancharse en la tontería de creer que eres un cuerpo. Abrázalo, dale el alimento que te pide y conéctate directo con la fuente. Si quieres mirar con más calma qué hay debajo, lee por qué sientes tristeza sin razón y lo que hay debajo.
¿Cómo practicar la lección 100 hoy?
- Observa si estás triste. Si lo estás, nota que estás girando en el ego y no ocupando tu lugar.
- Conéctate con el Cristo que está en ti y busca en tu interior lo que te pide que des: esa alegría, esa plenitud.
- Recuerda que hoy eres un mensajero de Dios: alguien se va a acercar y vas a ser un ejemplo para esa persona.
- Cumple tu única función: unirte a la mente del otro en felicidad, abrir tu corazón y liberar la tristeza.
- Elige de qué vas a ser ejemplo: de esa alegría infinita o de tristeza. Hoy es una elección.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Y la voluntad de Dios es perfecta felicidad. Piensa en los maestros que quizá has admirado y leído: son maestros alegres, divertidos, que hacen chistes y se ríen, y a la vez enseñan con mucha seriedad. ¿Por qué? Porque el ego también se ríe, pero de forma cínica e irónica. Esta risa es la de la pureza y la inocencia, y esa es la voluntad de Dios.
Entenderás lo que es esa voluntad cuando la dicha toque tu puerta de manera eterna. Tu papel es, ni más ni menos, firmar un contrato eterno con la dicha infinita y liberar esa tristeza que todavía es un signo de ignorancia y de miedo. Si hoy no sientes alegría, no te exijas: observa. Y si tu tristeza es muy honda o dura mucho, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 101, «La voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad». Gracias por estar aquí.
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