Lección 123: Agradece lo que ya recibiste
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste, no para arreglar algo de ti, sino para agradecer cuánto ya cambió? Después de tanto perdonar, soltar y comprender cosas profundas, esta lección te pide algo distinto: frenar. Llega tras la lección 122, donde vimos que el perdón me ofrece todo lo que deseo.
¿Qué significa «Gracias, Padre, por los dones que me has concedido»?
Dentro de este trabajo tan intenso que venimos haciendo, de perdonar, de mover la energía, de comprender cosas tan profundas, el Curso te dice algo, y mira la sabiduría que hay detrás de este ejercicio de lecciones durante un año: es momento de parar un poco toda esa energía y solo observar todo lo que has logrado y agradecer.
Quizá todavía haya algunas dudas, el camino todavía no esté del todo claro, aparezcan confusiones. Aun así, después de cuatro meses de trabajo, la lección te dice: frena un momento y agradece por todos los regalos que estuviste recibiendo con este trabajo interno.
¿Por qué es tan importante agradecer en vez de seguir sanando?
Porque vas a sentir una vibración nueva, que ya no está tan ocupada en sanar y sanar y sanar, sino en agradecer toda la sanación recibida, todos los regalos y todos los cambios que fuiste haciendo. Puedes recordar por un momento ese lejano ser que eras hace cuatro meses, cuando aún no habías empezado este trabajo, y fijarte hoy en cómo el camino es seguro. La lección te dice que no hay marcha atrás: ya sabes hacia dónde vas, hacia reconocer lo que realmente somos y terminar de desarmar las dudas que queden.
Y aparece algo hermoso: no caminamos solos. Tenemos la voz del Espíritu Santo, que está en tu mente y tenemos hermanos que nos van reflejando nuestro estado. Como vimos en una lección anterior, cada persona que ves que no perdona es un ejemplo y una oportunidad que se te da para perdonar tú. No necesitamos cruzarnos con maestros iluminados: solo reconocer la falta de perdón que hay en otros para perdonarla en nosotros, y así ser espejos de cómo es una mente perdonada.
¿Cómo practicar la lección 123 hoy?
El Curso va un poco más allá y te propone una santa media hora. Estos son los pasos:
- Dedica hoy esa media hora: quince minutos y quince minutos.
- Durante ese rato no intentes arreglar nada. Solo observa todo el progreso que hiciste y agradécelo.
- Recuerda a ese ser que eras hace cuatro meses y mira dónde estás hoy.
- Recibe los regalos que has tenido: agradece por todos los regalos recibidos y por todo el progreso realizado.
- Lleva ese agradecimiento contigo durante el día y empieza a vibrar en un agradecimiento constante.
Si el silencio te cuesta, puede ayudarte empezar a meditar con cinco minutos.
¿Qué cambia con el agradecimiento, y si no lo entiendes del todo?
El Curso te dice que esa media hora te será devuelta a razón de años por cada segundo de agradecimiento, y que debido a las gracias que das tendrás el poder de brindarle la salvación al mundo miles y miles de años más pronto. A nosotros esto todavía nos suena un poco raro. Yo tampoco lo entiendo del todo, pero piensa en el efecto mariposa: una mariposa bate las alas y ese movimiento puede generar un huracán en el otro lado del mundo. Del mismo modo, cada segundo de agradecimiento envía una vibración a toda la mente que dice: es la hora de sanar, es la hora de reconocer quiénes somos, es la hora de salir del egoísmo.
Ya eres un mensajero de la voz de Dios aunque todavía no sepas cómo, y no hace falta que lo sepas. Quizá ni siquiera haga falta usar la palabra Dios, ni decir nada: a veces el silencio transmite más que un gran discurso. Empiezas a ser un ejemplo a través de todo ese progreso que hiciste. Si hoy sientes que no has avanzado nada, haz igual el ejercicio de mirar: lo que ya cambió suele estar más a la vista de lo que parece. Y si hay un dolor muy fuerte en tu camino, busca también acompañamiento profesional.
Hoy es un día de frenar un poco el avance, observar el progreso, agradecerlo y recibir esos regalos. Gracias, hermano, gracias, hermana, por estar ahí. Mañana seguimos con la lección 124, Que no me olvide de que soy uno con Dios.
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