Lección 124: No olvides que eres uno con Dios
¿Y si hoy no tuvieras que repetir ninguna frase, ni decir ninguna palabra, ni hacer nada especial? Esta lección te lo propone por primera vez, y el silencio es justamente lo que más nos cuesta. Llega después de la lección 123, donde frenamos para agradecer lo recibido.
¿Qué significa «Que no me olvide de que soy uno con Dios»?
Poco a poco, a través de esta guía tan amorosa, de los repasos y de las prácticas diarias, estamos entrando en otro nivel de conciencia. Como dice la lección, el fracaso ya no existe. Toda idea de fracasar o de culparte por cosas que hiciste son viejos residuos que hoy vamos a liberar, entendiendo cómo se produce la sanación en la mente. La lección te dice qué fácil es, y es realmente muy simple. Si la culpa es lo que más pesa, te servirá reconocer sus señales para soltarla.
Lo que recibimos es el regalo que hemos de dar: a los que vengan después, a los que vinieron antes y a los que van a estar contigo por un tiempo. Todavía no entendemos el poder que tenemos. Por eso siempre podemos mirarnos en un maestro que vivió unos pocos años y cuyo mensaje se expandió por todo el mundo y continúa expandiéndose a lo largo de las generaciones. Al recibir el reconocimiento de que soy uno con Dios, llevamos esa información al inconsciente colectivo humano, si lo prefieres en términos psicológicos. La estamos mostrando a los seres que vendrán, a los que ya estuvieron y no pudieron verlo, y a quienes toquen a tu puerta y se encuentren contigo.
¿Por qué esta práctica es distinta a las anteriores?
Porque esta es la primera vez que intentamos una sesión larga para la cual no hay ninguna regla ni se sugiere ninguna palabra. Todo lo anterior, que seguirá funcionando un poco, es una preparación: como nuestra mente está tan confundida, necesitamos una palabra, una frase, un mantra que nos centre en nuestro deseo. Después de este trabajo y de ese agradecimiento, ya estamos listos para sentarnos en meditación durante media hora, sin ningún objetivo específico, sin ninguna propuesta del futuro, sin ningún recuerdo del pasado, con una mente libre, abierta a escuchar la voz de Dios cuando necesite hablarnos.
Estamos muy acostumbrados a hacer actividades, y esta actividad es simplemente un silencio. Es una práctica muy libre y a veces no estamos habituados a esa libertad. Después de estas más de ciento veinte lecciones, estamos preparando la mente para sentarnos y recibir a Dios.
¿Cómo practicar la lección 124 hoy?
- Asegúrate de no tener ninguna interferencia: apaga todo, enciérrate, date el tiempo. Ese tiempo te lo regalas tú, porque nadie te lo va a regalar. El celular siempre va a estar sonando y siempre alguien va a querer golpear la puerta.
- Ponte una alarma de media hora.
- Cierra los ojos, siéntate cómodamente y espera con amor y agradecimiento.
- No esperes nada y no proyectes nada. Deja simplemente que sea.
- Siente durante esa media hora que eres uno con Dios. El Curso te dice que Él se encargará del resto.
Si es tu primera vez con el silencio, empezar con cinco minutos de meditación puede ser un buen puente.
¿Qué pasa si no escucho nada durante la media hora?
Te lo aseguro con claridad: es imposible que la voz de Dios no hable en tu mente durante esa media hora. Dios se va a encargar de que te llegue el mensaje, aunque sea en el minuto 29 con 30 segundos. Por eso conviene ponerse la alarma y no vigilar el reloj. Es el trabajo que yo hago cuando lo siento: cerrar los ojos y abrirme simplemente a escuchar. Para entender qué es escuchar, tienes el silencio entre dos pensamientos.
Un solo mensaje que llegue directo a tu mente puede ser la puerta para vivir en Dios de manera constante, con conciencia, de modo que cada instante sea un instante santo. Y si en tu interior hay un dolor muy fuerte, busca también acompañamiento profesional. Gracias por esta práctica; te bendigo con el corazón. Mañana seguimos con la lección 125, En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.
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