Lección 125: Escucha tu verdadera voz
En la antigüedad uno pasaba diez años en un monasterio, recluido, para poder recibir lo que esta lección te ofrece en unos minutos al día. ¿Qué cambió? Llegas a ella después de la lección 124, la primera sesión larga de silencio, y te pido que la leas con atención.
¿Qué significa «En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios»?
Esta lección ya está a otro nivel de todo lo que hemos hecho hasta ahora. Quiero que te centres y empieces a entender hacia dónde nos lleva este maestro. En esta época la información divina está tan abierta, y nuestra mente también, que en unos pocos meses podemos hacer un cambio tan profundo que nos ahorre miles de años de egoísmo y de luchas. Hoy oiremos la voz de Dios en la quietud.
Pero no se queda solo ahí. Todavía, en nuestro interior, parece como si la voz de Dios fuera algo que tengo que recibir desde afuera, una voz diferente de la mía. Y lo es en la medida en que mi voz esté identificada con el egoísmo, con la culpa, con el juzgar y con el miedo. Para empezar a distinguirlas, te servirá ver por qué el ego habla primero.
¿Quién es el que se va y quién es el que escucha?
Ese ser egoísta quiero que lo observes tú mismo y le pongas la tumba: ese ser está muriendo. Ese que creíste ser, hijo de tales padres, con tales conflictos emocionales, con tal infancia, con tales dificultades, no es el hijo de Dios. Es un ser que se siente separado en un cuerpo con el cual se identifica y a través del cual lucha por sobrevivir. Si te ayuda, puedes hacer un acto simbólico, lo que llamo un acto psicomágico, como quemarlo, y decir: ya está, no soy más eso.
Y entonces la lección da un paso más: la voz de Dios espera tu silencio, y siempre estuvo esperándolo. Esa paz que las lecciones te fueron preparando es la puerta de acceso a la conciencia universal y amorosa. Dios habla en un lugar que está más cerca incluso que tu propio corazón. Y ahí viene lo que la lección te dice de manera directa: no hay separación entre Dios y tú. Estás en Dios y eres Dios, una porción dentro de Dios, porque todo lo que ves es Dios. A ver si puedes empezar a entender esto. Si te genera dudas, lo he conversado en si es arrogante creer que soy parte de Dios.
¿Cómo practicar la lección 125 hoy?
- Lee la lección con atención, sin apuro.
- Observa a ese ser egoísta que creíste ser y déjalo ir. Si quieres, ayúdate con un gesto simbólico.
- Haz silencio: la voz de Dios espera tu silencio.
- Escucha a tu ser en silencio. Solo necesitas estar quieto y escuchar.
- Reconoce esa voz como tu verdadera voz, que no habla desde el pasado, ni desde los condicionamientos, ni desde lo que aprendiste en tu vida.
¿Qué cambia cuando aprendes a escuchar tu verdadera voz?
Cuando te dispongas a escuchar, aprenderás a escuchar tu verdadera voz. Y entonces, de manera natural, cada vez que hables la voz que hable será la de Dios a través de ti, porque tu voz y la de Dios son la misma voz. Puede parecer un milagro, pero es así. Hace falta una sola cosa, una de las más preciadas y todavía más desconocidas para el ser humano: el silencio, y dentro de ese silencio, el escuchar.
La lección ya tiene ribetes de la sabiduría Advaita, que dice: yo soy aquel. Ese Dios que estuve buscando, infinito, omnipresente, lumínico, sanador, amoroso, expansivo, está en mí. Todos los adjetivos que quieras ponerle son válidos, pero tienes que ir más allá para que desde el silencio la voz hable. Por eso la llamo una lección cuántica, una lección milagrosa, donde desarmas todo lo que creíste ser para escuchar a tu verdadero ser. No es una voz externa: es tu propia voz.
Si hoy no oyes nada especial, no lo tomes como un fallo: lo único que se te pide es quietud. Y si te pesa un sufrimiento fuerte, busca también acompañamiento profesional. Bendito seas, bendita seas; mi corazón abraza el tuyo, porque hoy estamos escuchando nuestra verdadera voz. Mañana seguimos con la lección 126, Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

