Lección 126: Lo que das, te lo das a ti
Perdonas a alguien y piensas: yo estoy más elevado, lo libero. ¿Te ha pasado? Es un escalón muy sutil, y esta lección lo deja a la vista. Llega después de la lección 125, donde aprendimos a escuchar nuestra verdadera voz.
¿Qué significa «Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy»?
Hacemos este trabajo de vaivén: entender el perdón, agradecer, escuchar la voz de Dios, volver. La mente se va entrenando, y eso depende de la calidad y la intensidad que le pongamos y de la conexión que empecemos a sentir en cada instante con estas lecciones. Esta lección ya te lleva a afirmar algo desde un lugar no dual. Advaita significa «no dos»: no hay dos, no es dual. Desde ahí, todo lo que doy me lo doy a mí mismo.
¿Por qué cuesta tanto aceptar que me estoy dando a mí?
Porque una vez más el Curso te hace una radiografía de cómo funciona tu ego, para que lo veas y lo entiendas: la idea de separación. Pensamos: si perdono al otro no me afecta, pero el otro igual no es buena persona. O: mejor me libero de la energía negativa que tiene el otro. Eso lo puedes ver todavía en mucha gente que trabaja aparentemente en la espiritualidad y habla de cuidarse de las energías. Somos toda una misma mente: no hay energías negativas o positivas, hay un solo ser que está durmiendo y que con nuestro perdón se libera por completo. Si esa idea de separación te suena, mira por qué rechazar al otro es rechazarte a ti.
Aunque empecemos a entender muchas leyes universales, la mente sigue en dualidad y ve el perdón como algo que se otorga a otro, una especie de acto de liberar al otro porque yo ya estoy más elevado. Uno se pone en otro nivel, cuando en realidad todo es lo mismo. Claro: desde el punto de vista del ego, esto sonaría egoísta. Ah, me voy a dar a mí. Desde el punto de vista real de cómo funciona la mente de Dios, esta es la operatoria. Cada vez que vives un momento de agradecimiento, de amor, de expansión, ese regalo se extiende por toda la mente del ser humano.
¿Cómo practicar la lección 126 hoy?
- Lee la lección una vez, quizá por la mañana, con calma.
- Repásala en algún momento del día.
- Observa cómo tu mente todavía es dual: cuándo piensas que perdonas a otro, como un acto de liberarlo desde más arriba.
- Recuerda que siempre estás perdonándote a ti mismo y que todo lo que das lo recibes en tu mente.
- En cada palabra de amor, ten presente que eres el primer receptor, y que la mente es una sola, así que la recibe toda la mente.
Si quieres reforzar la idea, recorre por qué al dar también recibimos.
¿Qué cambia cuando lo entiendes, y si todavía dudas?
Ese acto falso de perdón, ese acto superficial de poner la palabra perdón en cualquier lado mientras seguimos juzgando, ya vas a ver que no te da satisfacción. Te puede aliviar un poco, pero no sientes esa paz profunda. Por eso es importante entender que el perdón siempre es hacia ti y que el amor siempre te lo estás dando; a partir de dártelo y recibirlo puedes darlo también a otros.
Somos un solo corazón increíblemente expansivo que tiene sus receptores de señal en cada corazón y en cada mente individual, pero toda la energía proviene de una misma fuente. Así es como se produce la salvación. Doy, recibo, recibo, doy, doy, recibo: así nos vamos expandiendo más y más hasta encontrarnos como un solo ser, y allí descubrimos que somos co-creadores en la mente de Dios.
Si hoy todavía dudas, está bien: estamos empezando a entenderlo, a veces con miedo, a veces con confianza, a veces con fe y a veces con dudas. Si el peso emocional es muy fuerte, apóyate también en acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 127, No hay otro amor que el de Dios.
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