Lección 134: Perdonar lo que nunca fue real
Alguien te hizo algo hace años y todavía lo repasas. Quieres perdonar y no te sale. Quizá la dificultad no esté en que no quieras, sino en qué crees que estás perdonando. Esta lección, que llega después de la lección 133, donde aprendimos a no darle valor a lo que no lo tiene, lo explica de una forma maravillosa. Te recomiendo agendarla.
¿Qué significa «Quiero percibir el perdón tal como es»?
Es una lección para guardar, porque explica realmente cómo funciona el perdón. Empieza diciendo que la mayor dificultad para perdonar es que pensamos que estamos perdonando algo que realmente existió, algo que fue real; por eso creo que puedo perdonar al otro, o que tengo que perdonarme a mí, pensándome como un ser separado. Pero lo único que perdonamos es lo que nunca existió. El perdón solo se encarga de liberar las ilusiones. Es un puente por el que soltamos las ilusiones y empezamos a entender quiénes somos.
¿Por qué cuesta tanto perdonar?
Porque verás a tu mente ilusionándose con que alguien te hizo algo, con que te ofendió, con que el mundo es difícil, con todo tipo de pensamientos egoístas centrados en juzgar y no en perdonar. Lo que debes observar es que jamás pudiste perdonar a nadie, porque nadie hizo jamás algo que fuera un pecado, algo inalterable que no pudiera liberarse a través del perdón. Nadie te ofendió; eso nunca ocurrió. Si te cuesta, puede ayudarte leer por qué me cuesta tanto perdonar a alguien.
Por eso el Curso te propone una pregunta que cuenta mucho: cada vez que juzgues a alguien, pregúntate «¿me acusaría a mí mismo de esto?». Porque en última instancia, cuando juzgas a alguien te estás declarando culpable de eso exacto que juzgas. Es una mente que empieza a reconocerse como el origen de todas las proyecciones, y a la vez como el origen de toda la liberación.
¿Cómo practicar la lección 134 hoy?
- Suelta por completo tu pasado y siéntate en presencia; nada de lo que aprendiste te sirve para entender esto.
- Observa tus juicios: ese dedo acusador que aparece en tu mente.
- Pregúntate ante cada uno: ¿me acusaría a mí mismo de esto?
- Reconoce que nada de lo que juzgaste existió nunca. Solo estabas identificado con una parte de tu mente que jugó a ser egoísta y a culpar.
- Llévalo todo el día. Hoy puedes hacer mucho más de lo que Jesús pide en la lección: ve las veinticuatro horas perdonando cualquier ilusión o pensamiento egoísta que aparezca, después de identificarlo.
Te recomiendo subrayar esta lección dentro del índice y tenerla como la explicación exacta de cómo opera el perdón. Para la práctica en tres pasos, tienes cómo se practica el perdón: observar, esperar y no juzgar.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Cuando practicas, tu mente como tal empieza a desaparecer. Ya no hay un ser egoísta con nombre y apellido, sino que empiezas a recibir los pensamientos del gran ser de la mente de Dios, y el guía empieza a hablar por ti. Pero eso solo ocurre a través de la práctica del perdón, porque si no tu mente no es más que un ruido constante, una radio encendida de pensamientos egoístas. En lugar de pensar como seres individuales, somos pensados por la mente divina; en realidad, en lugar de pensar, somos pensamientos.
La lección termina con algo hermoso: nadie es crucificado solo. Cuando crucificas a otro, te crucificas a ti. Y de la misma forma nadie entra al cielo solo: tu mente debe liberarse para poder liberar la mía, y en la medida en que la mía se libera, la tuya también, porque estamos en la misma mente, en el mismo sueño, perdonando las mismas ilusiones a las que jugamos juntos. Para soltar un peso concreto, mira cómo soltar el resentimiento.
Si hoy no sientes alivio, sigue observando tus juicios: perdonar es una práctica, no un sentimiento que deba llegar de inmediato. Si lo que cargas es un dolor muy grande, acompáñate también de un profesional. Mañana seguimos con la lección 135, si me defiendo he sido atacado. Es una lección sagrada. Gracias.
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