Lección 153: Tu seguridad es no defenderte
Alguien te dice algo que te duele y, antes de respirar, ya tienes la respuesta lista. Te defiendes, el otro te ataca, vuelves a defenderte. ¿Cuánto tiempo más vas a dar vueltas en eso? Después de la lección 152, donde vimos que tenemos el poder de decidir, esta lección nos muestra la salida.
¿Qué significa «En mi indefensión radica mi seguridad»?
De nuevo estamos en un callejón donde solo podemos ir hacia arriba, hacia la luz que somos, y salir del acertijo del ego, que nunca se resuelve: la defensa y el ataque constantes. Los primeros párrafos de la lección lo explican: yo me defiendo, entonces ataco, el otro me ataca, me defiendo de nuevo, y seguimos girando en círculos sin final. De hecho no lo tiene. Por eso en la mitología se habla de un infierno eterno: mientras no salgas del estado de defenderte y atacar, sigues perpetuando un mundo que no existe.
La indefensión, el acto de no defendernos, es entonces nuestra seguridad y nuestra fortaleza. Un verdadero maestro no necesita defenderse. Para entender de dónde nace esa necesidad, lee por qué rechazar al otro es rechazarte a ti.
¿Cómo se ve un maestro que no se defiende?
Hay una historia zen muy bonita. Una mujer queda embarazada y sus padres le preguntan quién fue. Dice que el maestro zen del pueblo. Los padres se enojan, el maestro pierde todo su prestigio y, cuando nace el bebé, se lo entregan. Él solo dice «así es» y cuida al niño con amor, sin defenderse jamás. Al año, la mujer, aquejada por la culpa, confiesa que fue el verdulero de la esquina. Los padres, avergonzados, van a pedirle disculpas y se llevan al bebé, y él responde otra vez «así es, tal y como es».
«Tal y como es» es una frase que se practica en las meditaciones budistas. Estas historias nos llegan después de siglos porque así funciona la mente de un maestro: ni se defiende ni ataca.
¿Cómo practicar la lección 153 hoy?
Para lograrlo, Jesús nos propone un nuevo formato de práctica. Estos son los pasos:
- Centra tu atención en la frase del día durante el mayor tiempo posible: cinco, diez o quince minutos, eso depende de ti.
- Suelta todo lo demás. Solo el pensamiento de la lección está en tu mente.
- Cada vez que sientas la amenaza de tus defensas, detente un momento.
- Escucha la voz de Dios que dice «aquí estoy».
- Recíbela y déjala como una constante, sintiendo su presencia.
Te cuento algo personal: antes de guiar una meditación, cierro los ojos y en mi mente escucho esa voz, «aquí estoy». Hoy es para que la escuches tú cada vez que quieras atacar o defenderte.
¿Qué cambia cuando dejas de defenderte?
Date cuenta de algo: cada vez que tienes pensamientos del mundo, estás en un estado de locura, porque son cosas temporales. Hoy votas por una ley, hoy quieres una cosa, mañana otra. Lo que ocurre en el mundo del cambio no altera el mundo real, el de tu ser: a pesar de los ciclones emocionales, seguimos siendo santos. Si quieres profundizar en cómo soltar esa lucha, lee cómo soltar el enojo en 4 pasos.
Los nombres, Dios, verdad, amor, son sustitutos de algo que no es un nombre; tienes que experimentarlo. Y basta que compares cómo está hoy tu mente con cómo estaba hace 150 días para bendecir este libro y esta voz que dice «aquí estoy». Mañana seguimos con la lección 154, me cuento entre los ministros de Dios.
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