Salmo 91: el refugio que no necesita defensa
Son las tres de la madrugada. Algo no va bien en tu casa, en tu cuerpo o en tu país, y lo único que se te ocurre es abrir el Salmo 91 y leerlo en voz alta, una vez y otra, hasta que el pecho afloje. Antes de seguir quiero decirte algo: no vengo a quitarte el salmo. Es un texto sagrado y quien lo reza lo hace con fe. Te cuento cómo lo leo yo, que practico Un Curso de Milagros.
¿Qué significa el Salmo 91?
Habla de alguien que se refugia en Dios y de lo que ocurre a su alrededor: la noche, los peligros, la enfermedad, los enemigos. La promesa más conocida está en el primer versículo:
El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
— Salmo 91, Biblia Reina-Valera
Más adelante nombra los miedos que casi todos cargamos:
No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día.
— Salmo 91, Biblia Reina-Valera
Fíjate en el verbo: «habita». El salmo no habla de quien visita a Dios cuando hay una emergencia, sino de quien vive allí. Y un lugar donde se vive no puede estar lejos.
¿Cómo se lee el Salmo 91 desde Un Curso de Milagros?
Para quien practica el Curso, el abrigo del Altísimo es un lugar de la mente: Dios dentro de ti. No tienes que ir a ningún sitio para entrar. Lo que cambia es dónde pones la atención. Cuando temes, miras hacia afuera: lo que viene, lo que te pueden hacer, lo que puede pasar. El Curso señala la idea que sostiene ese miedo, que es creer que estás solo. Si estoy solo, lo externo tiene el poder de amenazarme.
Por eso el salmo y el Curso se encuentran: los dos dicen que existe un lugar seguro. El Curso añade qué lo tapa, que son tus propios pensamientos de separación. Y si lo que te inquieta es que alguien te haya hecho daño con energías o trabajos, mira lo que cuento sobre la protección espiritual: nadie tiene poder sobre tu mente salvo el que tú le das.
¿Qué enseña la lección 153 sobre la protección?
Hay una lección que parece escrita para quien reza este salmo con miedo. Es la lección 153, «En mi indefensión radica mi seguridad». Describe el círculo del ego: me atacan, me defiendo, ataco al otro, el otro me ataca, me defiendo otra vez, y así sin final. En la mitología a eso se le llama infierno eterno. Mientras te defiendes, sigues dentro.
Hay una historia zen que me gusta contar aquí. A un maestro lo acusan de haber embarazado a una joven del pueblo. Pierde su prestigio, le entregan al bebé cuando nace y él responde «así es» y lo cuida con amor, sin defenderse. Al año la joven confiesa que el padre era otro, los padres le piden disculpas y se llevan al niño. Él vuelve a decir «así es». Un maestro no necesita defenderse porque su mente no participa del juego de ataque.
Una aclaración que importa: esa indefensión es de la mente y no te pide quedarte quieto ante un peligro. Si hay violencia o riesgo, te alejas y pides ayuda. Si estás enfermo, vas al médico y sigues tu tratamiento. Lo que suelta la lección es el diálogo interno que se adelanta a un ataque que todavía no llegó.
Hay otra cosa que me ayuda mucho. Los pensamientos que tienen que ver con el mundo son temporales: hoy quieres una cosa, mañana otra. Lo que ocurra en el mundo del cambio no altera lo que eres, y aunque pasen ciclones emocionales, sigues siendo santo. Esa certeza es el abrigo del que habla el primer versículo.
¿Cómo rezar el salmo desde esa seguridad?
La lección 153 propone un formato nuevo: centrar la atención en la frase del día durante el mayor tiempo posible, cinco, diez o quince minutos, y soltar todo lo demás. Puedes hacer lo mismo con una sola frase del salmo, en lugar de leerlo entero con prisa. La lección habla también de una voz que dice «aquí estoy». Te cuento algo mío: antes de guiar una meditación, cierro los ojos y escucho esas palabras en mi mente.
Si te cuesta, no te juzgues. Compara cómo está hoy tu mente con cómo estaba hace unos meses y verás que algo se entrena. Y si quieres la otra cara de esta práctica, tengo un artículo sobre cómo orar el Salmo 91 recordando que Dios va contigo.
En el maratón gratuito de Un Curso de Milagros te llevas ejercicios cortos para entrar cada día en el refugio que ya habitas.

