Orar el Salmo 91: Dios va contigo
Rezas el Salmo 91 cada noche, o antes de salir de casa, o cuando suena el teléfono a una hora rara. Y aun así se te cuela la pregunta: ¿y si no alcanza? ¿Lo estaré rezando bien? Si te pasa, no hay nada malo en ti. Es una de las dudas más comunes de quien ora con miedo. Antes de decirte cómo orarlo, miremos qué busca la gente cuando abre ese salmo y qué puede cambiar si lo rezas sabiendo dónde está Aquel a quien le hablas.
¿Para qué sirve el Salmo 91?
La gente lo reza pidiendo protección contra el peligro, la enfermedad y el mal, y el salmo la sostiene porque pone la confianza en Dios. Empieza así:
El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
— Salmo 91, Biblia Reina-Valera
Y nombra sin rodeos los miedos de la noche y del día:
No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día.
— Salmo 91, Biblia Reina-Valera
Respeto ese texto y la fe de quien lo reza. Lo que comparto es una forma de rezarlo que a mí me ayuda: recordar que el Altísimo no está arriba y lejos.
¿Cómo orar el Salmo 91 sin sentir que Dios está lejos?
La palabra «Altísimo» puede sonar a algo inalcanzable. Y si lo sientes lejos, oras desde la falta, pidiendo que venga. Un Curso de Milagros dice que la soledad es la primera idea del ego, y de ella nace el miedo, la única emoción que hemos creado. Porque si estoy solo, lo externo que veo tiene el poder de amenazarme.
Cuando rezas el salmo esperando que algo cambie afuera, tu atención sigue puesta en lo que puede pasar. Es natural, y no tiene nada de malo. Lo que te propongo es sumar un gesto: mientras pides, recordar quién está contigo mientras pides.
Si reconoces que Dios está en tu interior todo el tiempo, en cada situación, la oración cambia de tono. Hasta en el peor momento de tu vida, cuando pensaste que estabas solo y sufriste, Dios también estaba ahí. Y si hoy sientes soledad aun rodeado de gente, este artículo te muestra lo que hay debajo.
¿Qué enseña la lección 41 de Un Curso de Milagros?
Es la lección 41, «Dios va conmigo dondequiera que yo voy». Te dice que la depresión, la preocupación y la ansiedad las creamos al no reconocer que nunca estamos solos. Y cuando te preguntas por qué no lo notas, la respuesta es sencilla: tienes un pensamiento detrás de otro, juzgando, opinando e interpretando, como si una mota de polvo pudiera comprender el universo. El velo que impide ver quién eres es tu propio pensamiento.
La lección es una invitación a rendirte, a reconocer que ese velo existe y a no seguir alimentándolo. Por eso el Curso te lleva con calma a silenciar la mente, con ideas que repites varias veces al día y con lecciones de cinco o de tres minutos. Aquí está tu mente, y en ella está la santidad y el amor que ya hay.
Pensar que llegar a Dios es difícil forma parte de ese velo. El Curso dice que es lo más natural del mundo, porque es lo que da vida a todo. Dios no es algo a alcanzar; es lo que eres cuando la búsqueda se detiene. Por eso la práctica es tan simple: no busques nada, solo reconoce que en este instante Dios está en tu interior. De esa misma idea parte lo que escribí sobre protección espiritual.
¿Cómo practicar la lección 41 junto con el salmo?
En mi comentario de la lección propongo llevar a Dios «en el bolsillo». Escribes la frase en un papelito, lo llevas contigo a todos los lugares y, cuando asome el miedo, lo sacas y la lees. El Curso te invita a repetir la idea varias veces al día, en ratos cortos. Ahí el salmo deja de ser un recurso para las emergencias y pasa a ser una casa donde vives. Si quieres la otra cara de esta seguridad, mira cómo el refugio del salmo no necesita defensa, a la luz de la lección 153.
Y si lo que sientes es muy fuerte, o hay una enfermedad, una violencia o un riesgo cerca, busca ayuda profesional y el cuidado de quienes te rodean. Rezar y pedir ayuda concreta caminan juntos.
En el maratón gratuito de Un Curso de Milagros te llevas ejercicios cortos para recordar cada día que Dios va contigo.

