Lección 161: Un hermano es todos los hermanos
Mira un árbol. En un segundo tu mente ya lo separó en raíces, tronco, hojas, flores y ramas. Ahora piensa en las personas de tu vida: amigos, enemigos, los que te caen bien y los que te caen mal. Es el mismo gesto. Hoy, después de la lección 160 y su pregunta sobre el extraño, la lección 161 te muestra qué hay debajo de ese gesto.
¿Qué significa «Dame tu bendición, santo Hijo de Dios»?
Esta lección nos hace ir un paso más en la comprensión de algo que el texto dice y que nos toca experimentar: la mente es abstracción total. La parte de la mente que empieza a dividir la realidad y aferrarse a los objetos es la que se identifica con ellos, y a eso lo llamamos ego.
Al principio es un esfuerzo separar las cosas y meterlas en categorías, en conjuntos, en grupos; ahora ya está automatizado. Pero la mirada inocente ve con abstracción total. Acuérdate de cómo empezamos los ejercicios: todo el significado de lo que veo se lo adjudico yo, nada tiene un significado propio. Desde ahí todo es una unidad: el árbol con la tierra, la tierra con el cielo, el cielo con las nubes, una sola maravilla. Nada necesita separarse, porque todo ocurre en el instante eterno de la vida, que es el presente.
¿Por qué cuesta tanto dejar de dividir?
Porque así como separamos las raíces del tronco, separamos a las personas, y la mente empieza a identificarse con algo concreto. Y ojo: no hace falta rechazar el plano físico. Hace falta ver que todo está conectado. Fíjate cuántas frases hermosas has leído; hasta que no hacemos la práctica, no pasa nada. Esa es la disciplina de este entrenamiento: dejar de apegarnos a lo concreto y de fragmentar la realidad.
Por eso la lección te dice que un hermano es todos los hermanos. No puedes dividir a alguien por clases sociales, por estratos, ni en alguien más cercano y alguien más lejano: todos somos el mismo hermano. Y en cada mente se encuentran todas las mentes; ahora mismo estoy en tu interior mientras me lees, y tú en el mío. Para ver cómo se manifiesta esa división hacia los demás, te recomiendo por qué rechazar al otro es rechazarte a ti.
¿Cómo practicar la lección 161 hoy?
Sobre el final, la lección propone un trabajo muy concreto:
- Selecciona a un hermano o hermana que opere como símbolo: alguien que represente la totalidad de la mente de Dios.
- Al principio, visualízalo.
- Date cuenta de que eso que visualizas es lo que te impide verlo. Ve más allá de su sonrisa y de sus palabras, hasta el ser totalmente abstracto que hay en su interior: el Cristo.
- Conecta con ese ser y pídele la salvación. Funcionará como símbolo de todos nosotros.
- Durante el día, cada vez que algo te disturbe o te saque de tu eje, vuelve a ese hermano o hermana.
¿Qué cambia cuando eliges un símbolo?
Verás cómo la mente funciona por símbolos. Así como Jesús es un símbolo, yo soy un símbolo y tú eres un símbolo para otros, hoy vas a encontrar en uno de tus hermanos el símbolo de la salvación. Primero lo visualizas, luego descubres que esa visualización es el impedimento para ver más allá, y la sueltas. Lo que queda es una mirada que ya no divide. Entiendes también mejor por qué ves en los demás lo que no aceptas de ti.
Es un trabajo muy sagrado. Mañana seguimos con la lección 162, donde recordamos cómo nos creó Dios. Y hoy te digo lo mismo que dice la lección: dame tu bendición, santo Hijo de Dios.
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