Lección 166: Se te han confiado los dones de Dios
Estás pasando por una situación difícil y alguien te mira y te pregunta: «¿cómo haces para no hundirte?». Esa pregunta, que tarde o temprano llega, es el corazón de esta lección. Viene después de la lección 165, donde dejamos de negar el Pensamiento de Dios, y es casi un poema por su belleza.
¿Qué significa «Se me han confiado los dones de Dios»?
Te recuerdo lo que veíamos en la lección anterior: nuestro trabajo al leer esto es ir un poco más allá de los conceptos y de la tradición judeocristiana, para entender que el texto apunta a lo que realmente es. Piensa en un deportista que se prepara durante mucho tiempo para su maratón. Se prepara, se prepara y se prepara, y un día llega la competición y le toca correr a él, no a alguien del público. Todo el trabajo de elecciones y de liberación que vienes haciendo es para darlo.
Y aquí viene lo importante: los dones de Dios no los entrega una entidad que está en algún lado. Son la esencia de la cual emerge tu conciencia a cada instante: eso que hay ahora en ti y que te permite observar, sentir, crear y tener pensamientos que no son ilusorios, sino creativos, pensamientos que extienden la mente de Dios. Si quieres profundizar en esto, te servirá leer por qué el Espíritu Santo no te da cosas, sino otra forma de ver.
¿Por qué se me pide liberar al mundo de su dolor?
La lección dice que se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor, y puede sonar a mucho peso. No lo es. Ya tienes claro que no eres un ego, aunque el ego a veces ocurra, y que en tu interior hay algo completamente luminoso, amoroso y divino. Cuando descubres que el dolor no existe como realidad, que es una invención que ocurre en tu mente, y empiezas a disciplinarla para liberarte de esa ilusión, no estás cargando nada: estás reconociendo la verdad.
Es como cuando alguien se libera de un conflicto muy grande y después crea una fundación para ayudar a otros. No se queda en su casa diciendo «yo lo logré». Cuando descubres algo que puede servir a otros, aparece un amor por darlo. Y no hay nadie más capaz de ayudar a quien cree que vive en un mundo separado que una persona entrenada en reconocer lo que no existe. Te lo cuento más a fondo en 3 preguntas para descubrir tus dones y ponerlos al servicio.
¿Cómo practicar la lección 166 hoy?
Hoy nos toca un trabajo doble: reconocer esos dones divinos y liberar el dolor de la mente. Y recuerda que no es algo que tengas que imaginar, suponer ni visualizar. Estos son los pasos:
- Siéntate y llévate al centro, a tu esencia crística, a ese amor profundo que hay naturalmente: no hacia algo, sino como esencia que se extiende.
- Reconoce que ese amor es lo que ha caminado a tu lado, iluminando tu camino a cada momento. No lo imaginaste: es tu verdadera naturaleza.
- Empieza a liberar el dolor que todavía hay en tu mente, uno a uno, sabiendo que no es real.
- Deja que esa luz se extienda a cada situación y a cada persona que llegue a ti, sin intentar hacer nada especial.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Toda persona que llega a ti se encuentra con un ser que ya no duele, y se pregunta cómo es posible. Quizá haya una crisis en tu familia, en tu pueblo o en tu ciudad, y empieza a aparecer una voz y una luz que van más allá de las palabras, que te cruzan y que hablan a través de ti. No son dones especiales para ti o para mí: ahí nos encontramos como un solo ser y descubrimos que somos el amor mismo.
Si hoy atraviesas un dolor muy fuerte, esta práctica no sustituye el acompañamiento profesional: pídelo también. Mañana seguimos con la lección 167, donde veremos que solo hay una vida. Gracias por ser parte de mí, por extender esta verdad y por ayudarme a despertar.
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