Lección 187: Bendigo al mundo al bendecirme
Pasaste la tarde ayudando a alguien: le dedicaste tiempo, energía, ganas. Al llegar a casa, una voz te susurra que regalaste tu día y que nadie te lo va a devolver. ¿Perdiste algo o ganaste algo? La lección de hoy da vuelta esa pregunta. Llega después de la lección 186, donde vimos que de ti depende la salvación del mundo, y es su continuación natural: si tú eres el canal, ¿qué pasa con lo que fluye por él?
¿Qué significa «Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo»?
Aquí aparece el pensamiento central a través del cual se extiende el amor, el pensamiento al que apunta todo el libro y, de paso, la clave para vivir en abundancia. Dice algo muy simple: siempre que doy, abro la puerta a recibir. Dar y recibir operan como una misma cosa.
Ahora bien, nosotros aprendimos justo lo contrario: que cuando doy algo, lo pierdo. De ahí viene la idea del sacrificio. Si me sacrifico por alguien, si le dedico mucho tiempo, si hago muchas cosas por esa persona, siento que estoy perdiendo tiempo y energía. Lo que enseña Jesús en esta lección es que es exactamente al revés. Es una inversión de pensamiento.
¿Por qué creemos que dar es perder?
Porque confundimos las cosas con lo que representan. Las cosas son representantes de algo, de un pensamiento, igual que las palabras son símbolos. Por eso la abundancia no tiene que ver con las cosas, sino con la idea de abundancia y con la idea de cómo funciona la extensión: Dios nos crea extendiéndose a Sí mismo, y nosotros, cuando tenemos una idea santa, la extendemos. Esa idea puede tener que ver con cualquier cosa de este mundo, pero la idea es la que realmente se extiende. Si quieres profundizar en esto, tienes la abundancia que no se puede perder y por qué al dar también recibimos.
Y fíjate en esto: el dinero también es una idea. Las relaciones también son una idea, la de cómo me relaciono. Estamos siempre en el mundo de las ideas, y la mente es naturalmente abstracta. Cuando la mente se identifica con lo concreto, ahí es cuando se identifica con el ego.
¿Cómo practicar la lección 187 hoy?
Te propongo estos pasos:
- Acepta primero la salvación para ti. Para dar una idea, antes tienes que haberla recibido: abre tu corazón a recibirla.
- Da lo que recibiste sin atribuirle valor a la forma de lo que das. Lo inmutable es el pensamiento, no el envoltorio.
- Haz a un lado la arrogancia y la falsa humildad, de las que hablamos ayer. Son solo títeres de nuestro ego.
- Bendícete a ti. Solo cuando aprendemos a bendecirnos podemos bendecir el mundo y asentar la idea de bendición en él.
- Niégate a aceptar la idea de sufrimiento. Cada vez que niegas algo que ya no quieres porque no se puede compartir, y eliges recibir para dar, eliminas ese pensamiento.
- Recuerda durante el día: solo me doy a mí mismo.
¿Qué cambia cuando bendices así?
Piensa en cómo funciona la extensión. Jesús nos da este material, tú lo recibes en tu corazón y al recibirlo ya es parte tuya. Él no lo pierde al darlo: lo extiende. Y tú puedes darlo sin perder la salvación; al contrario, lo que das se incrementa. Así que cuando compartes algo y lo recibes en tu interior, queda más profunda esa idea en ti que unos minutos antes.
Y hay un efecto más: si te acostumbras a dar, el mundo empieza a acostumbrarse a dar, y la gente que te rodea empieza a acostumbrarse a recibir algo que ella también puede dar. Así surge la gratitud y así se extiende el amor. Así es como el mundo se libera. Y si hoy sientes que un sufrimiento fuerte te supera, busca también acompañamiento profesional: esta práctica va de la mano con eso, no lo reemplaza.
Mañana seguimos con la lección 188, la paz de Dios refulge en mí ahora.
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