Lección 190: Elige el júbilo, no el dolor
Hay un pensamiento que vuelve una y otra vez, sobre todo cuando se hace de noche, y por mucho que lo hayas trabajado todavía te duele. Quizá ya lo perdonaste un par de veces y, aun así, aquí está otra vez. La lección de hoy es una guía esencial para ese momento. Llega después de la lección 189, donde sentimos el Amor de Dios dentro de nosotros, y la considero un milagro en sí misma: la elección que propone puede poner fin al dolor de manera simple y clara.
¿Qué significa «Elijo el Júbilo de Dios en lugar del dolor»?
La lección parte de algo contundente: si Dios es real, el dolor no existe. Es una ilusión que tiene que ver con las formas de pensar. Y te pide que observes todos los pensamientos de dolor que aún queden en tu mente: esa es la práctica de hoy. A través de cada ejercicio algo fue llegando, algo fuimos aprendiendo y experimentando; ahora nos toca liberar la idea de dolor de manera total y definitiva.
Ten presente que aquí estamos trabajando en la mente, que es el instrumento divino de creación. Si lo que sientes te supera, busca acompañamiento profesional: lo que propone esta lección va de la mano con eso y no lo sustituye.
¿Por qué todavía duele?
Porque perdonar y soltar tiene que ser definitivo. Quizá notes esa oscilación: pasas de una paz que nunca habías sentido a un estado todavía de confusión. Es normal, y es una decisión que se toma. Además, los pensamientos que tienes sobre el mundo, sobre lo que te pasó y sobre las lecciones mismas también cuentan. Y están los «peros»: los peros siempre están para justificar un pensamiento del ego. Si quieres entender mejor ese mecanismo, lee tus pensamientos no son tuyos: te llegan.
La lección es clara: son tus pensamientos los que te causan dolor, y ahí está la llave. Nada externo a tu mente puede herirte. Tú eres quien tiene el poder, porque en tu mente generas la causa de lo que experimentas.
¿Cómo practicar la lección 190 hoy?
- Obsérvate con honestidad y pregúntate qué pensamientos aún te generan dolor.
- Mira esa idea y reconoce si es absurda, delirante y falsa. Se necesita mucha honestidad y un deseo profundo para diferenciar lo que no es real de lo que sí lo es.
- Ríete de la idea, no de ti ni de nadie: esa preocupación era un pensamiento desalineado con tu verdadero ser.
- Lleva esta elección durante todo el día. Cada vez que aparezca la confusión, recuerda que es tu pensamiento el que genera el dolor, y decídete por la liberación.
- Suelta las divagaciones de la mente, incluso lo que piensas sobre este libro y sus lecciones, y observa la quietud y el silencio que hay en tu interior.
- Deja a un lado todo «pero» y toda justificación.
Si necesitas apoyo para mirar esos pensamientos sin que te arrastren, puedes ver cómo observar tu mente sin tensión.
¿Qué cambia cuando eliges el júbilo?
En la medida en que te liberas de todo pensamiento de dolor y de sufrimiento, ese dolor deja de estar en tu mente. Y así es como podremos enseñar la salvación: porque habremos salvado en nuestro interior toda idea de sufrimiento. Es una práctica profunda, hermosa y santa de júbilo, de alegría y de dicha, de reírnos de todo lo que aún queda como absurdo en nuestro interior.
Si hoy no te sale la risa, no la fuerces: basta con observar y no justificar. Mañana seguimos con la lección 191, soy el santo Hijo de Dios Mismo.
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