Lección 189: Siento el Amor de Dios ahora
Miras por la ventana el mismo paisaje de siempre: el tráfico, los edificios, las mismas caras. ¿Y si lo que tuviera que cambiar no fuera lo que ves, sino cómo lo ves? Esa es la puerta de entrada de la lección de hoy. Llega después de la lección 188, donde vimos que la paz de Dios refulge en ti. Estamos en una zona de lecciones que a mí me moviliza mucho, y esta tiene uno de los párrafos más hermosos de todo el libro, a mi entender.
¿Qué significa «Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora»?
Primero, entender un poco más a qué se refiere el Curso con «el mundo». No niegues el mundo. El mundo del que el Curso te dice que te liberes es el mundo del ego. Cuando empiezas a mirar este mismo planeta con ojos inocentes, encuentras un hogar donde permanecer durante tu estancia aquí, lo bendices, lo agradeces, ves su belleza y entiendes por qué se lo llamaba paraíso antes de que el ego ingresara en la mente humana. Lo que cambia es tu percepción. Para ahondar en ese cambio, tienes cambia tu percepción y cambia tu experiencia.
Después aparece algo esencial: siempre vemos lo que deseamos ver, lo que elegimos ver. Eres libre de elegir, pero conviene conocer la ley que rige toda visión: contemplarás aquello que sientas en tu interior. Si hoy sientes el Amor de Dios, ya sabes lo que vas a contemplar. Puedes comprobarlo durante todo el día en tu mente.
¿Por qué cuesta tanto sentir ese Amor?
Porque llegamos cargados de conceptos: lo que creemos que somos, lo que creemos que es Dios, lo que aprendimos sobre el mundo, las imágenes que tenemos de nosotros mismos. Todo eso se interpone. Y lo más difícil es que también traemos ideas santas, enseñanzas bonitas, lecciones que nos gustaron, y nos aferramos a ellas. La práctica de hoy te propone dejar espacio para todo, hasta para lo que consideras digno y para lo que te da vergüenza.
¿Cómo practicar la lección 189 hoy?
El Curso lo plantea como un momento de quietud. Te lo resumo en mis palabras, y te invito a hacerlo conmigo ahora mismo:
- Cierra los ojos y permanece muy quieto.
- Deja a un lado todo pensamiento sobre lo que eres y sobre lo que Dios es, y los conceptos que aprendiste del mundo.
- Vacía tu mente de todo lo que ella considera verdadero o falso, bueno o malo, digno o vergonzoso.
- No conserves nada: ni siquiera una lección que te haya gustado, ni un pensamiento santo del pasado.
- Suelta incluso lo que aprendiste en el propio Curso y la voz que te acompaña ahora.
- Con las manos completamente vacías, permanece ahí, con tu Dios, y repite despacio la frase de hoy.
Si quieres otra puerta hacia ese silencio, tienes el silencio entre dos pensamientos, donde se escucha a Dios.
¿Qué cambia cuando lo practicas, y si no sientes nada?
Así elegimos que la divinidad venga a nosotros. No eres tú quien la fabrica: sueltas, y en ese silencio, en esa paz, en ese instante, sientes el Amor de Dios dentro de ti. Con el tiempo cambia lo que contemplas, porque cambia lo que sientes. Si hoy no sientes nada extraordinario, no pasa nada: la práctica no es sentir algo grandioso, sino soltar. Repítela mañana, y de nuevo en cualquier momento del día. Y si la tristeza o la angustia te sobrepasan, busca también acompañamiento profesional.
Gracias por hacer este camino. Mañana seguimos con la lección 190, elijo el Júbilo de Dios en lugar del dolor.
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