Lección 295: Deja que el Espíritu Santo mire
Estás en la fila del banco, o en el tráfico, y tu mente ya armó su opinión sobre cada persona que ves. ¿Y si esa opinión no fuera lo único que puede mirar por tus ojos? De eso trata la lección 295.
¿Qué significa «El Espíritu Santo ve hoy a través de mí»?
Qué lección tan hermosa y, a la vez, qué práctica tan concreta. Quizá hace un tiempo te habrías preguntado cómo se logra algo así: ¿cómo hago para que el Espíritu Santo vea a través de mí? Con todo el trabajo que llevamos hecho, hoy estás totalmente capacitado para hacerlo.
Te lo digo con claridad: no hace falta imaginar nada ni inventar nada. Lo único que tienes que hacer es reconocer que el Espíritu Santo puede mirar a través de tus ojos. El libro de texto de Un Curso de Milagros lo dice sin rodeos: el Espíritu Santo está literalmente en ti. Si quieres profundizar en quién es, te dejo qué es el Espíritu Santo según Un Curso de Milagros.
¿Por qué cambia tanto la forma de ver?
Porque esa mirada es una entrega: es lo que hacemos hacia la mente de Cristo. La lección lo expresa así: Cristo pide valerse de mis ojos para redimir al mundo, y todos tenemos que ser redimidos juntos. Esta mirada nos iguala, nos encuentra como hermanos y empieza a descubrir, en todos los que ves, el amor infinito que hay en ti. Todo lo que ves pasa a ser un espejo de ese amor.
Una vez más, no cambia necesariamente nada en lo externo. Lo que cambia es la mirada, porque ya no es solo la tuya la que interpreta. Las lecciones, además, cada vez son más cortas: ya no hacen falta grandes argumentos.
¿Cómo se practica la lección 295 hoy?
Hasta ahora las lecciones pedían repetirlas en ciertos momentos: por la mañana, antes de dormir. Hoy te recomiendo practicarla durante todo el tiempo. Lo que sirve es tener un ancla, mental o física.
- Elige un ancla: una pulsera, un pañuelo, cualquier cosa que te recuerde que el Espíritu Santo ve a través de ti.
- Cada vez que la veas, mira y piensa: «Es el Espíritu Santo el que ve».
- Fíjate qué interpretación empieza a ocurrir de cada cosa que ves.
- Repite con la oración de la lección: «Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy y permitir así que el amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple».
Detrás de eso hay tres pasos: encontrar al Cristo en el interior, que es lo que realmente eres (sacar toda la película del medio); permitir que Cristo vea a través de la mirada del Espíritu Santo, la que corrige cualquier error y cualquier interpretación del ego; y, finalmente, descubrir en esto tu verdadero ser.
¿Qué tiene que ver esta mirada con tus hermanos?
Mucho más de lo que parece. La lección habla de redimir al mundo, y lo hace en plural: nadie se salva solo. Cuando el Espíritu Santo mira a través de ti, deja de haber alguien a quien juzgar desde arriba o desde abajo. Lo que antes era un desconocido, un rival o alguien que te molestaba pasa a ser un hermano en el que se refleja el mismo amor que hay en ti. Y esa mirada no necesita grandes razonamientos: por eso las lecciones se acortan y la práctica se vuelve cada vez más simple. Basta con volver al ancla una y otra vez, mirar y recordar quién está mirando.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Observa cómo se ven ahora las cosas que antes dolían. Y las que antes parecían difíciles. E incluso las que antes eran hermosas: también esas se ven distinto. La mirada se aclara y todo empieza a tener otro tinte.
Si hoy no notas nada, no pasa nada: quedan cosas por limpiar, y por eso estamos aquí. Ese es el trabajo del día: permitir que el Espíritu Santo vea a través de ti. Si estás atravesando un momento de mucho sufrimiento, apóyate también en un acompañamiento profesional. Para seguir el camino, mira la lección 294 y continúa con la lección 296, donde el Espíritu Santo ya no solo ve, también habla.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

