Lección 304: Que mi mundo no nuble a Cristo
Hay mañanas en que las personas a tu alrededor están decaídas y tú, en cambio, tienes energía y proyectas positividad. Y hay otros momentos en que ocurre al revés: otros te alientan y tú sientes que no se puede, que retrocediste y que la paz que habías alcanzado ya la perdiste. ¿Qué cambió afuera? Probablemente nada. Esa es la puerta de la lección 304.
Viene después de la lección 303, Hoy nace en mí el Cristo Santo, y se llama Que mi mundo no nuble la visión de Cristo. Quiero que veas algo interesante y revelador: a través del mundo que hemos fabricado nublamos la visión interna.
¿Qué significa que mi mundo nuble la visión de Cristo?
No te lo digo para que pienses «qué pena, lo hice». Te lo digo para que puedas transformarlo, para que sea la visión de Cristo, en este segundo advenimiento del que hemos hablado, la que hoy nos ilumine y nos haga vernos como hermanos.
Jesús nos pide que recordemos que la percepción es un espejo, no un hecho. Lo que percibimos en el mundo no es lo que el mundo es: es un espejo de nuestra mente, de nuestra forma de ver, una proyección de lo que hemos aprendido. Por eso no hay un problema en el mundo; hay un problema en nuestra forma de percibir, y ese problema se llama ego. El ego es una distorsión de la realidad donde vemos problemas y generamos problemas, cuando lo único que existe a nivel real es amor.
¿Por qué cuesta verlo?
Porque lo vivimos como si fuera externo. El libro lo dice con claridad: lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. Eso es la percepción. Lo que estoy viendo es cómo me siento. Cuando estás en paz, ves un mundo amable; cuando estás tenso, el mismo mundo parece una amenaza. Lo que cambió no fue el mundo, sino el espejo.
Por eso es tan útil observar tu estado de ánimo antes de creerle a lo que ves. No se trata de negar el mundo de tu percepción, sino de no permitir que nuble la visión crística que tienes en tu interior, como un solo ser, como seres hermanados y co-creadores de la realidad.
¿Cómo practicar la lección 304 hoy?
La solución que propone Jesús es concreta:
- Antes de reaccionar a lo que ves, recuerda que es un espejo y pregúntate cómo te sientes tú.
- Di con sinceridad: quiero bendecir el mundo contemplándolo a través de los ojos de Cristo.
- Bendice lo que ves. Cuando empiezas a bendecir el mundo, estás bendiciendo tu propio ser.
- Agradece tanto lo que pensaste que era bueno como lo que pensaste que era malo, porque en sí son ideas nuestras solamente. Al hacerlo, agradeces a tu propio ser.
- Deja que la visión de Cristo tome el control, por decirlo así, de tu propia visión. Al principio hay que aprenderlo; después se vuelve natural.
¿Qué cambia cuando lo practicas?
Empiezas a recibir las señales de que tu propia bendición está generando algo en ti. Jesús nos dice que veremos las señales inequívocas de que todos nuestros pecados nos han sido perdonados, toda la culpa y todo el miedo. Quizá tú no lo llames pecado, pero todavía te sientes culpable por algo, o tienes miedo de molestar a alguien si le pides tal cosa, o de que alguien se ofenda. Cuando empiezas a bendecir, esas cargas empiezan a aflojarse.
Y si hoy no lo logras, no pasa nada: es un aprendizaje. Si te pesa mucho un estado de ánimo que no se va, busca también acompañamiento profesional; la práctica espiritual puede ir de la mano de él. Mañana continuamos con la lección 305, Hay una paz que Cristo nos concede.
Si quieres seguir explorando este espejo, te sugiero leer por qué ves en los demás lo que no aceptas de ti y cómo se practica el perdón en tres pasos. Hoy puedes hacer un ejercicio muy simple: tres veces durante el día, detente un instante, mira lo que te rodea y pregúntate qué estado de ánimo estás viendo reflejado. Sin juzgarte. Solo notarlo ya cambia la relación con lo que ves, porque dejas de creer que el problema está afuera y empiezas a mirar con otros ojos.
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