Lección 348: Sin ira ni miedo, Dios te rodea
Te sorprende una mala noticia y el pecho se cierra. Piensas en lo peor, y la mente, que siempre puede imaginar situaciones difíciles, lo hace con todos los detalles. ¿Y si en ese instante hubiera algo que te rodea y no lo ves? Esta lección sigue a la lección 347, donde vimos que la ira procede de los juicios.
¿Qué significa «Ni mi ira ni mi temor tienen razón de ser»?
Ayer vimos la ira; hoy toca el temor. Quizá todavía te quede una parte de la mente que da manotazos de ahogado y te dice «pero esto todavía me molesta». Justo ahí apuntan las lecciones que quedan. Este camino no es un ejercicio más ni un curso más entre todas las prácticas psicológicas o espirituales que hayas hecho: es la liberación completa de una mente que vuelve a reconocer su conexión, siempre presente, con el Creador.
Una mente que reconoce la gracia divina ya no teme, no importa lo que ocurra. Aunque estés en la peor situación que puedas imaginar. Para mirar el miedo con más calma, tienes por qué el miedo no se enfrenta: se mira y se suelta.
¿Por qué el temor ya no tiene razón de ser?
Te pongo una metáfora simple, sabiendo que la verdad es más hermosa que cualquier imagen humana. Imagina a un niño que por un momento sintió que había soltado la mano de su padre y caminó perdido, hasta que descubrió que el padre lo había estado mirando desde atrás todo el tiempo. La gracia divina siempre estuvo ahí. El temor es esa reacción de un niño que se creyó solo; hoy regresas ya crecido, con otra conciencia y otro amor, y sientes esa mano que te guía.
La gracia es, por decirlo de alguna forma, como un manto protector, pero en realidad no protege de nada: lo único que hace es revelar lo siempre presente. Lo que estamos descubriendo es la misma mente de Dios, tal como fue creada y tal como es en tu interior: pura, sin dudas y sin temor. Para llegar a esa quietud, te servirá entender la paz interior como tu estado natural.
¿Cómo practicar la lección 348 hoy?
Esta no es solo una práctica de sentarte, hacerla y observarla: es una lección que te acompaña todo el día. Cuando te olvides, una situación te lo recordará, y cuando lo recuerdes vivirás la experiencia del recuerdo de Dios.
- Repite la lección al empezar el día y cada vez que la recuerdes.
- En cada situación, observa la gracia divina que te rodea. Puedes sentirla a nivel energético y en los pensamientos que llegan: puros, santos, luminosos, un milagro en sí mismos.
- Cuando aparezca el temor, hazte la pregunta de la lección: ¿cómo puedo sentir miedo si la promesa eterna de Dios jamás se aparta de mí?
- Si lo necesitas, recuerda un momento de tu pasado en el que te sentiste solo y la gracia apareció. Cada recuerdo es un ejemplo de esta verdad.
- Termina diciendo en silencio que no estás solo y que Dios está contigo.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si el miedo sigue ahí?
Con el tiempo cada vez hace menos falta ir al pasado a buscar recuerdos, pero tu mente te los mostrará siempre que los necesite. Pregúntate también: ¿qué puedo temer cuando la santidad en la que fui creado es tan perfecta como la de Dios? El temor empieza a verse como un juego infantil de alguien que creyó haberse perdido.
Si hoy el miedo sigue presente, no lo tomes como un fracaso: míralo con ternura y vuelve a la pregunta. Y si es muy fuerte, apóyate también en un profesional. Mañana continuamos con la lección 349, dejar que la visión de Cristo contemple por ti.
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