Lección 358: Rinde el personaje y descubre tu Ser
Piensa un momento en tu nombre y tu apellido. Son útiles, funcionan, pero ¿en qué lugar existen realmente? Hoy la lección te pide algo grande: rendir el personaje que creíste ser. Llega después de la lección 357, donde tu hermano era el puente hacia tu centro, y estamos ya en el día 358.
¿Qué significa «ninguna invocación a Dios puede dejar de ser oída»?
Esta lección es una lección de rendición absoluta y completa. Si todavía queda algo de resistencia, tienes la oportunidad de rendir por completo el ser falso que creíste ser, el que tiene tu nombre, el que te pusieron tus padres, y un apellido. Si lo miras un poco, es absurdo: son cosas inventadas, que no existen en ningún lado. Si las entiendes como herramientas, funcionan, pero no tienen ningún significado. Tampoco tienes una edad, un documento que explique algo, una biografía que diga nada de lo que eres, ni unos recuerdos que expliquen tu ser.
Y al final de la lección aparece una de las frases más profundas del libro, que ahora ya podemos entender: no dejes que olvide que mi ser no es nada, pero que mi Ser lo es todo. Sobre la pregunta de fondo, mira quién eres realmente.
¿Por qué cuesta rendir el personaje?
Porque ese ser con minúscula es lo que normalmente llamas «yo»: yo quiero tal cosa, yo pienso tal cosa, yo hice tal cosa, yo dije tal cosa. Ese ser no existió nunca ni va a existir jamás, y sostener ese yo es de un nivel de ignorancia total: es la única causa de sufrimiento que alguien experimentó en algún lado, y a la vez nunca existió. Sobre cómo reconocerlo en tu día a día, lee qué es el ego según el Curso.
Fíjate también en esto: cada vez que dices «no sé» o crees no saber, estás en la ignorancia, porque en el fondo lo sabes todo. Para que esa sabiduría llegue a tu conciencia, tienes que hacer el acto de rendir por completo el personaje, ese espantapájaros que te inventaste y le mostraste a los demás como si fuera real, con su carácter, su personalidad y sus ideas. Tus ideas nunca le importaron a nadie más que a tu ego; por eso, cuando sueltas todas las ideas, debajo descubres la idea que realmente hay en tu interior. Esa idea es santa, y es la más hermosa que una mente puede concebir.
¿Cómo practicar la lección 358 hoy?
- Repite la frase de la lección y entrégate por completo a la voluntad del Padre: lo único que quiero es lo que Él me ofrece, en la forma exacta en que Él elige que lo reciba.
- Pide, como dice la lección, recordar todo lo que no sabes y que tu voz se acalle mientras lo recuerdas.
- Cuando pidas que tu voz se acalle, pide que se acalle el ser pequeño, el sufriente, el angustiado, el que dice no saber, para oír la voz del Ser.
- No niegues el mundo: hay mucha ilusión en la idea de que este mundo es una ilusión, porque quien lo rechaza genera más ilusión. La verdad está aquí y ahora.
- Termina el día reconociendo que ninguna invocación a Dios queda sin respuesta. Si quieres un apoyo para ese silencio, tienes el silencio entre dos pensamientos, donde se escucha a Dios.
¿Qué cambia cuando rindes el personaje?
El Curso te explica toda la dualidad que vivió la mente desde que eligió sentirse separada. Con este juego de minúscula y mayúscula quizá es la primera vez que lo recibes con tanta sencillez. Hoy rindes la máscara, el aparato, la artificialidad, lo que a través de las palabras dio la ilusión de tener un nombre y una historia distintos de los de otro. No te demores más, hermano mío, hermana mía, en reconocer lo único que es: el Ser que compartimos como una unidad. Si hoy sientes resistencia, observa que también es parte del personaje. Mañana seguimos con la lección 359, donde la respuesta de Dios es alguna forma de paz.
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