Autoconocimiento, perdón, pareja, emociones y Un Curso de Milagros: las charlas de Gabriel Gowezniansky escritas para leer, sus respuestas a tus preguntas y sus libros, para empezar gratis.

La conciencia es lo que observa todo lo que ocurre, sin juzgarlo ni cambiar. La mente piensa y crea; la conciencia está detrás, siempre igual. No se fabrica: se despierta cuando te das cuenta de que eres consciente.

La tristeza sin razón casi nunca viene de la nada: la alimentan pensamientos que se repiten en automático y capas que no miras, como la decepción y la impotencia. Se alivia sintiéndola, observando cómo nace y dejando de juzgarte. Si es muy fuerte o dura, busca ayuda profesional.

No puedes ser feliz mientras esperes que otra persona o una situación te dé la felicidad, porque nadie puede dártela: es un estado natural que se tapa con patrones internos y pensamientos del pasado. Empieza a recuperarla cuando ves que el patrón es tuyo y lo sueltas.

Para Un Curso de Milagros, orar no es pedir que algo se arregle afuera: es el medio de comunicación con la fuente, y por la oración se recibe amor. Para sanar no se suplica, se pide luz, comprensión y una corrección en la mente.

El libro de Un Curso de Milagros no se vende en esta plataforma: lo publican distintas editoriales y se consigue en librerías y como libro digital de venta oficial. Para leerlo, ve con calma: conoce sus partes, empieza por el prefacio y, si haces los ejercicios, por el uno.

La dependencia emocional es creer que necesitas a alguien para estar bien o para existir. Te cuesta soltar porque no estás apegado a la persona sino a la imagen que armaste de ella, y detrás suele haber miedo a perderla. Se supera soltando esa imagen y el control.

Si sigues amando a tu ex no hay nada malo en ti: amor y miedo a perder conviven en la misma persona. Lo que sostiene el sufrimiento no es el amor, sino el apego, que pide todo. Cuando el amor se vive sin esperar nada a cambio, deja de ser una cadena y se parece a la paz.

Superar una ruptura no es olvidar a tu ex: es dejar de esperar que esa persona te hiciera feliz y de buscar un culpable de lo que sientes. Cuando ves que nadie puede lanzar una piedra en tu mente, el dolor cambia de lugar y puedes decidir qué hacer con cada mensaje, cada recuerdo y cada día.