Lección 129: Hay un mundo que sí deseo
Hay un momento en el camino en que ves con claridad que aquello que perseguías no te llenaba. Y entonces aparece una pregunta incómoda: si nada de esto me da lo que busco, ¿para qué todo? Esa pregunta es el punto de partida de esta lección, que llega justo después de la lección 128, donde vimos que el mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.
¿Qué significa «Más allá de este mundo hay un mundo que deseo»?
Es una continuación de la lección anterior. Allí nos dábamos cuenta de que el mundo en el que vivimos, el que vivimos por dentro, no nos está ofreciendo nada. Pero el Curso no quiere que te quedes ahí, porque fácilmente uno puede entrar en una depresión o en un estado nihilista donde nada significa nada y nada tiene sentido. No es así. Por eso te dice que hay un mundo que deseas, un mundo real.
Es un mundo donde no eres ese personaje ni ese juego egoísta de un día estar bien, otro día estar mal, juzgar, intentar perdonar y que no te salga. Ahí no existe nada de eso. Ese es el mundo que realmente deseamos, y se descubre a través de la inocencia y reconociendo la comunicación plena que hay con Dios.
¿Cómo es la comunicación con Dios de la que habla el Curso?
Esa comunicación no es temporal, ni depende de que seas consciente o no. Cuando lo eres, aflora de una forma más clara y expandida, y también puedes llevarla a otras mentes. No es con palabras ni puede ser simbolizada: la propia palabra Dios no tiene sentido en absoluto.
Por eso, en las sesiones de silencio y de práctica profunda, soltamos también las palabras como forma de comunicación con Dios. Después las palabras llegarán a tu mente, pero sabrás que son símbolos, y sabrás que decir «no creo en Dios» o «creo en Dios» es lo mismo, porque no hablamos de palabras sino de lo que realmente somos: la vida, que se comunica contigo de manera constante y que tú recibes de manera constante. Si quieres ayuda para llegar a ese silencio, tienes cómo serenar la mente para encontrar a Dios.
¿Cómo practicar la lección 129 hoy?
El Curso nos pide pocos minutos, pero bien dedicados. Te lo resumo así:
- Dedica diez minutos por la mañana, diez por la noche y otros diez en algún punto intermedio del día para centrarte.
- En cada momento, empieza a ver ese mundo que deseamos: un mundo luminoso, un mundo sagrado.
- Presta mucha atención a la diferencia que notas mientras practicas: la sentirás a nivel vibracional, como si tu mente empezara a vibrar en otro nivel de frecuencia.
- Si después la mente vuelve a su frecuencia de siempre, no importa. Lo que hacemos es entrenarnos hacia una vibración exacta, la del amor, donde la mente ya no tiene espacio para ilusiones porque no cree en ellas.
- Observa lo que se libera y lo que se suelta mientras practicas, sin forzar nada.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Empiezas a vivir una distancia respecto de todo lo que habías creído real. Eso es el trabajo de la salvación: donde antes le dabas valor a algo, quizá ahora notas que ya no se lo das, y otra cosa empieza a valorarse en tu interior, mucho más profunda, con el color de conectarte directo con el guía que hay en ti. En el mundo real, la única realidad es el amor y los cuerpos no tienen más objetivo que ser facilitadores de ese amor, canales de ese amor; todo lo demás no tiene sentido.
Estamos trascendiendo la mente como forma de ilusión para encontrar la mente real, lo que en el zen se llama la naturaleza de la mente. Estamos saliendo del mundo del tiempo para reconocer el mundo atemporal, donde el amor es y sigue siendo, y en un momento ni los segundos tienen sentido: empiezas a reconocer el eterno presente. Si quieres ver cómo se vive esa paz sin depender de nada, te sirve qué es la paz interior y cómo encontrarla.
Si hoy no sientes nada especial, no lo tomes como un fallo: algo se está soltando y la única respuesta que recibirás cuando se suelte será una liberación y un amor infinito. Y si el vacío se vuelve pesado, acompáñate también de un profesional. Mañana seguimos con la lección 130, es imposible ver dos mundos. Hoy, simplemente, gracias.
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