Lección 128: Suelta el mundo que imaginaste
Cierras los ojos diez minutos, sueltas todo lo que traes en la cabeza y abres los ojos. ¿Dejó de estar tu casa? ¿El sol se fue a otro lado? No. Entonces, ¿qué fue lo que soltaste? Esa pregunta es la puerta de esta lección, que llega después de la lección 127, donde vimos que no hay otro amor que el de Dios.
¿Qué significa «El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee»?
Aquí tenemos que empezar a entender qué quiere decir el Curso cuando habla del mundo: se refiere al mundo que tú estás fabricando en tu mente. Cuando cierras los ojos, haces una práctica, te desprendes del mundo y entras en esa paz profunda, lo que estás soltando es una imagen que hay en tu mente. No es el mundo real lo que estamos viendo: es el mundo interpretado por nuestra percepción.
Por eso la lección te pide que sueltes lo que nunca existió. Abre tu corazón y empieza a ver que ese mundo que veías no era más que una imagen, un sueño, un espejismo. Si fuera el mundo real, no podrías soltarlo. Pero al ser un mundo imaginado, que no existe más que en tu mente considerándose separada, cuando cierras los ojos puedes soltarlo por completo, abrir los ojos y sentirte libre. Si quieres ver cómo cambia lo que experimentas, hay una guía sobre cambiar la percepción.
¿Cómo sé que ese mundo es ilusorio?
No hay forma más simple de demostrarlo que el ejercicio de cerrar los ojos diez minutos, soltar y abrirlos: tu casa sigue ahí, el sol sigue ahí. Lo que soltaste fue la imaginación que hay en tu mente. Y fíjate: si hay ocho mil millones de seres humanos, hay ocho mil millones de mundos. Cada uno está en su mundo, como se dice. Pero ese mundo no existe, y la forma de conectarte con otros, de abrazarlos y comunicarte de manera plena, es soltando todo eso.
Además, el Curso te dice que tu guía es infalible. Hay una guía en ti que está presente de manera constante, no se toma ni feriados ni vacaciones, está siempre ahí. Solo puede aparecer cuando nos decidimos a soltar la guía egoísta, la guía de miedo que hay en nuestro interior.
¿Cómo practicar la lección 128 hoy?
- Haz sesiones de diez minutos con los ojos cerrados. Permanece muy quieto, en paz.
- Abandona todos los pensamientos que valoran ese mundo: el de tus condicionamientos, lo que aprendiste, cómo debes comportarte a nivel social, qué palabras conviene decir y cuáles no, qué debes evitar hacer para no quedar mal.
- Suelta los pensamientos que te atan al cuerpo. Cada pensamiento que te ata al cuerpo trae miedo y dolor.
- Sé receptivo a tu guía y libera las cadenas que te atan a un mundo imaginado, aprendido y condicionado.
- Abre los ojos y mira con mirada inocente.
Si te cuesta aquietarte, tienes cómo serenar la mente.
¿Qué cambia cuando lo sueltas?
La base de la mente que se identifica con el cuerpo es que el cuerpo, en última instancia, tiene un tiempo, una fecha de vencimiento. Tu ser no tiene fecha de vencimiento. Por eso suelta lo que te ilusiona y te da esperanza en ese mundo: no existe en ningún lado más que en tu mente, que se siente separada de la vida. Dios no es una ilusión ni una esperanza. Dios es. Otra cosa muy diferente es sentir entusiasmo porque estás empezando a despertar. Cuando hablo de ilusión me refiero siempre al mundo fabricado por el ego, que en primera o en última instancia no existe. Para reconocerlo, mira qué es el ego según el Curso.
Cuando empieces a soltar y abras los ojos, vas a mirar con mirada inocente y vas a entender lo que es mirar con una mirada pura. Descubrirás que esos ojos estaban siempre ahí: lo único que había que sacar era la ilusión, el juicio, ese mundo por el cual luchas y que no existe más que en tu estado mental de desconexión con la fuente. Así le abrimos la puerta al amor y a la paz. Si lo que sientes es un sufrimiento fuerte, busca también acompañamiento profesional. Hoy es un día santo. Mañana seguimos con la lección 129, Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
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