Lección 170: En Dios no hay crueldad ni en mí
Hoy aparecerá alguien que te moleste, y sentirás las ganas de defenderte o de devolver el golpe. Lo notarás, quizá sin querer. Esa pequeña escena es el laboratorio de esta lección, que llega después de la lección 169, donde pedíamos la gracia de Dios.
¿Qué significa «En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco»?
Como veíamos ayer, la lección anterior apuntaba a un espacio que está más allá del aprendizaje, a una experiencia que tenemos que desear con el corazón. Pero esta lección te dice: todavía hay una jornada, y a pesar de que en la eternidad ya terminó, mientras la vives en el tiempo queda un trabajo por hacer. Hay que hacerlo hoy con el corazón, con mucha conciencia y con un nivel de entrenamiento y de auto observación como nunca tuviste, porque solo en el presente podemos llevar la mente a una conexión más profunda.
Recuerda además que quien anotó este texto, Helen Schucman, no se sentía identificada con lo que escribía, y sin embargo cumplía un propósito y se liberaba al recibirlo. Lo que aprendemos es sagrado. La lección explica cómo se produce el cambio de percepción: en lugar de conectar con Dios, el poder creador de toda la vida, creamos un dios a espejo del ego, el dios de la crueldad que puede atacar. Para ahondar en esto, lee Dios no es un señor enojado: es la luz de todo.
¿Por qué sigo cayendo en el ataque y la defensa?
La lección arranca diciendo que nadie ataca sin la intención de herir, y que nadie que ataca cree que el otro es inocente ni se crea a sí mismo inocente. Es muy importante, porque a pesar de la profundidad que hemos alcanzado en estos meses, todavía hay una parte de la mente que por momentos vuelve al rol de ataque y defensa. La mente no se entrena en un día, y mientras vive en el tiempo hay que seguir entrenándola hasta reconocer la eternidad como único espacio donde existe la vida.
Y aquí está lo liberador: la idea de ataque es una ilusión, porque no puedes atacar ni pudiste atacar nunca a nadie. Es solo la ilusión de ser un cuerpo la que permite el sueño de lastimar a otro. Así es como uno forja un enemigo interno y lo proyecta afuera. Si te cuesta con el rencor, te puede acompañar el resentimiento lo pagas tú: 3 preguntas para soltarlo.
¿Cómo practicar la lección 170 hoy?
- Mantén la atención despierta durante el día: la idea de ataque va a aparecer en algún momento.
- Cuando aparezca, reconócela como una ilusión: no atacaste ni puedes ser atacado en lo que realmente eres.
- Libérala. Al soltarla, liberas también a toda la mente humana: ese es el poder de estar conectados.
- Con los ojos abiertos o cerrados, reconoce la mirada que hay en tu interior: compasiva, pura, inocente y amorosa.
- Cierra con la oración final de la lección: puedes poner las manos en el corazón y simplemente escucharla o recitarla.
¿Qué cambia cuando la practicas?
La lección dice que, cuando entiendas esto, reconocerás que tus ojos pertenecen a Cristo. Esa mirada no tiene pensamientos: es la que mira a través de la luz que hay en tu mente. Y tiene un efecto en cadena: lo que sueltas en ti lo sueltas para todos. Si vives una situación de violencia real, ponerte a salvo y buscar ayuda profesional va primero; esta práctica es para la mente, no para quedarte donde te hacen daño.
Mañana empezamos una nueva etapa con la lección 171, el repaso de la 151 y la 152. Hoy, ten presente que la paz y la santidad que recibes son las que compartes con los demás.
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