Lección 184: Más allá de los nombres
Mira la habitación donde estás. ¿Dónde termina la taza y dónde empieza la mesa? Esa pregunta, que parece una tontería, es el corazón de la lección 184. Llega después de la lección 183, donde repetimos el nombre de Dios.
¿Qué enseña «El Nombre de Dios es mi herencia»?
Te cuento algo íntimo: en mi libro de Un Curso de Milagros hay pocas lecciones subrayadas, y esta es una de ellas. Encontré aquí una claridad que pocas veces encontré en un libro o en un maestro, porque explica exactamente cómo funciona la percepción.
Cuando nacemos aprendemos que existen miles de nombres: la taza, la mesa, el tenedor. Acuérdate de que la primera lección de todas, la lección 1, trataba de observar esos nombres. Así empezamos a percibir una diferencia entre un plato y una taza, entre mi primo y mi cuñado, y el mundo se vuelve un mundo separado, lleno de nombres que apuntan a cosas como si estuvieran aparte del resto. Lo que las separa, dice el libro, es el espacio. Cuando alguien toca a tu puerta y dices su nombre, te refieres solo a su cuerpo, y detrás está toda la historia personal que tienes con esa persona, que en la mente de Dios no existe pero en tu percepción cobra vida.
¿Cómo dejar de ver separación?
Observa ahora con tus ojos: nada está separado, todo está unido y conectado. Se ha demostrado a nivel cuántico, pero también lo ves cuando abres los ojos. Si ves un árbol y no lo separas de la tierra, de las hojas, del aire ni del sol, estás viendo algo total: tienes una brizna del conocimiento de Dios. Y ese conocimiento no es acumular información: es reconocer la verdad más allá de la palabra y la forma. Sobre la raíz de la separación puedes leer qué es la separación según el Curso.
¿Tengo que dejar de hablar?
La lección te aclara que no fuiste tú quien hizo el mundo de las ilusiones, y entonces surge la pregunta: ¿tengo que volverme mudo? La respuesta es que todavía necesitas los símbolos del mundo. Jesús los usa en este escrito, y yo te lo explico con palabras humanas. Lo que necesitas son intervalos en los que las enseñanzas del mundo pasen a ser una fase transitoria. Acuérdate de la lección 10, «Mis pensamientos no significan nada»: empiezas a darte cuenta de que las palabras humanas, en sí mismas, no significan nada.
Esa es la salvación: desarmar los conceptos de separación. Las mismas palabras que alguien usa para separarse las usas tú para liberar la separación. Tu perro, por ejemplo, no ve separación porque no concibe el mundo con palabras que separan los objetos con espacio y tiempo. Y dice también que Dios no tiene nombre: quien dice «creo en Dios» muchas veces cree en un ídolo. Su Nombre, con mayúscula, es la lección final de que todas las cosas son una.
¿Cómo practicar la lección 184 y qué cambia?
- Haz hoy un proceso profundo de introspección e indagación, para ir más allá de los nombres.
- Mira con una mirada inocente, que atraviesa las palabras que llegan a tu mente cuando ves las cosas.
- Ve más allá de los cuerpos y de los objetos: en tu campo visual y en tu campo de sensaciones, todo está conectado en unidad.
- Subraya la lección y vuelve a leerla: cada vez que la releas tendrá más profundidad.
Llegará un punto en que verás desarmado por completo el lenguaje humano, y aun así lo seguirás hablando, como sigues moviendo tu cuerpo y abriendo los ojos por la mañana, pero ya no significará más que unidad. Para entrenar esa mirada, puedes leer cómo contemplar tu mente sin que nadie te guíe. Esta lección me parece una de las más hermosas que he leído y te la comparto con amor. Mañana seguimos con la lección 185, «Deseo la Paz de Dios».
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