Lección 185: La paz exige unir mentes
Recuerdo estar en el subterráneo de Buenos Aires practicando la lección de bendecir a tu hermano y sentir una paz enorme. Hay lecciones que te muestran que la práctica no es solo hacia adentro, sino también conectar con los otros. Esta es una de ellas, y llega después de la lección 184, «El Nombre de Dios es mi herencia». La de la bendición es la lección 161.
¿Qué significa «Deseo la paz de Dios»?
La lección empieza de forma espectacular: decir estas palabras no es nada. ¿Cuánta gente en el mundo dice «deseo la paz de Dios» y cuánta la experimenta? Pero decirlas de corazón lo es todo. Ahí está la diferencia entre decir las palabras de manera superficial y vivir la experiencia, que es justamente el trabajo de todas las lecciones.
La lección te dice que dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la voluntad de Dios. Eso es lo que se llama la voluntad de Dios, porque todos somos cocreadores. Obviamente, hablamos de dos mentes que no buscan dañar, atacar ni defenderse, sino que se unen en santidad. Y queda muy claro por la paz que se experimenta.
¿Por qué la paz pasa por unir tu mente a otras?
Porque las mentes no pueden unirse en sueños: en sueños solo negocian. Ves si le sacas más provecho o si logras que el otro te dé algo. El ego, como enseña el libro de texto, siempre da buscando recibir algo a cambio: «yo te doy esto, ¿qué me das tú?». Eso solo ocurre en sueños, no es real, y es lo que tenemos que perdonar. Puedes ver cómo funciona ese juego en qué es el ego según el Curso.
La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes: ese es el primer paso. Empiezas a reconocer que tu mente no está separada, que tus pensamientos no están sueltos sino en relación. Cuando no son pensamientos egoístas, de repente te llega un mensaje para alguien, te preguntas por alguien, incluso oras por alguien. Esa es la interconexión milagrosa en la que nos encontramos. Quizá la primera unión sea con alguien cercano: un hermano, un amigo, tu pareja, tus padres. Después el trabajo es reconocer la unión total. Sobre esa unidad, lee si existe la conciencia individual o somos parte de una sola mente.
¿Cómo practicar la lección 185 hoy?
- Afirma «Deseo la paz de Dios», pero de corazón, no solo con la boca.
- Observa minuciosamente tu mente para descubrir dónde todavía hay sueños: dónde estás negociando, dónde buscas aliados o ves enemigos.
- Date un momento de mucha profundidad y de mucha honestidad para reconocerlo.
- Libera las trabas que queden de sueños y de ilusiones.
- Observa la conexión: la paz de Dios es tuya, pero para eso te toca liberarte de los sueños.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Como dice el libro, van a llegar los testigos: personas que te sienten en su interior, que tienen pensamientos muy conectados con los tuyos. Ahí empiezas a experimentar la paz y a saber que estamos conectados, que somos una sola mente. A través de eso se produce el despertar en cada uno de nosotros. Mañana seguimos con la lección 186, «De mí depende la salvación del mundo».
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