Lección 337: Mi impecabilidad me protege
Te preparas para una conversación difícil y ya vas armando tus defensas: qué dirás si te atacan, cómo evitarás que salga mal. ¿Y si esa guardia no hiciera falta? La lección de hoy dice que tu protección ya está dada. Sigue a la lección 336, donde vimos que todas las mentes están unidas.
¿Qué significa «Mi impecabilidad me protege de todo daño»?
Nos acercamos al final de este año de lecciones. Estas prácticas las trabajamos desde las primeras lecciones, y hoy, con otro nivel de expansión interior, las comprendemos en un lugar más profundo. A veces la palabra «impecabilidad» suena extraña; para mí funciona también como la pureza infinita que somos, el amor infinito que somos.
Lo que dice la lección es que esa impecabilidad garantiza la perfecta paz, porque me mantiene eternamente a salvo de cualquier pensamiento de pérdida y me libera por completo del sufrimiento. Si hay algún pensamiento de pérdida, la impecabilidad que eres lo libera. Y así uno tras otro, todos son liberados. No importa lo que pienses que estás perdiendo: al reconocer la impecabilidad, deja de haber pérdida. Si necesitas acompañar un duelo o una pérdida real, busca además apoyo profesional, y puede ayudarte leer la abundancia que no se puede perder.
¿Por qué el Curso lo explica de tantas formas?
Porque hace una radiografía de tu mente y pone muchísimas palabras para ayudarte en el camino. Fíjate qué manera creativa de explicar siempre lo mismo: lo que descubrimos es a Dios en nuestro interior, y un atributo de Dios, de la creación de Dios, es la impecabilidad. Puedes reconocer distintos matices, pero la dirección siempre es la misma. Hoy se pide centrarte en ella con un nivel de confianza y certeza totales.
Además, reconocer la luz interna ayuda mucho: esa luz blanca de la que se derivan todos los colores, pero que los contiene a todos y es pura. No importa el color que hoy veas, vuelve a reconocer la luz blanca de la cual emana. Para una práctica de observación así, te sirve cómo observar tu mente sin tensión.
¿Cómo practicar la lección 337 hoy?
- Reconoce la luz blanca que eres, pura, de la que emanan todos los colores que aparezcan en tu mente.
- Acepta la expiación para ti mismo y nada más: ese es todo el trabajo de hoy.
- Observa durante el día qué cosas todavía quieres hacer por tu cuenta: en qué situaciones intentas defenderte, sientes que alguien puede atacarte, temes que salga mal o dudas del resultado.
- Suelta ese hacer y solo acepta tu ser.
En el texto, hacia el capítulo 30, hay una sección con reglas para tomar decisiones donde esto está muy bien explicado. En esta parte del libro de ejercicios practicamos lo que ya vimos en el texto, y si te sirve, puedes repasarlo.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Cuando aceptas tu ser, tu ser mismo te muestra el camino. Puedes llamarlo intuición, conexión o voz del Espíritu Santo. Ese yo que se encargaba del hacer se revela como un espejismo. Las situaciones siguen ocurriendo, tu cuerpo viaja a un lugar o hace sus actividades cotidianas, pero ya no hay un hacedor de la acción: el que actúa es el ser compartido, y todos nos movemos en él. Lo único que hace falta es no resistirse a su movimiento natural, a ese camino que fluye y fluye: te surge escribirle a alguien, pensar una idea, abrazar a alguien o no abrazarlo.
Si hoy no sientes esa seguridad, sigue practicando; para eso son los días. La parte devocional es preciosa: nos recuerda que fuimos creados en la impecabilidad y que era yo quien estaba equivocado al pensar que había pecado. Mañana seguimos con la lección 338, solo mis propios pensamientos pueden afectarme.
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