Lección 51: Repaso de las lecciones 1 a 5
Un día el libro de ejercicios te pide algo inesperado: no avanzar, sino volver a las cinco primeras lecciones. Y es lógico preguntarse para qué repasar algo que ya hiciste. Esta lección llega después de la lección 50, el Amor de Dios es mi sustento, y es mucho más que una vuelta al principio.
¿Qué es el repaso de las lecciones 1 a 5?
Con toda la comprensión que hemos ido adquiriendo con la práctica, empezamos a entender mejor cuál fue el punto de partida. Y aquí el Curso te muestra que hay otra visión. Esa forma de ver que tenemos, que no significa nada, está velando la verdadera visión, la que el Curso llamará después la visión de Cristo: una visión iluminada que no se basa en los ojos físicos pero que lo toma todo. Los ojos siguen viendo, pero cambió la visión.
¿Qué enseña cada una de las cinco lecciones?
Te las resumo una por una, como las repasamos hoy:
- Nada de lo que veo significa nada: tengo que reconocerlo para poder pasar a la siguiente.
- Le he dado a todo lo que veo el significado que tiene para mí: no es una visión, es solo una ilusión. Es un significado particular, no esencial. Igual que una película: cada persona ve la misma y le da un significado diferente.
- No entiendo nada de lo que veo: cuando te das cuenta de que todo el significado se lo diste tú y lo sueltas, te encuentras con un vacío, con una duda, con no entender.
- Estos pensamientos no significan nada: esos errores de pensamiento no están basados en la realidad, son pensamientos temporales.
- Nunca estoy disgustado por la razón que creo: el disgusto, la ira, la bronca y el resentimiento son el efecto de esos pensamientos ilusorios.
¿Por qué cuesta soltar el significado que le das a todo?
Porque nuestra forma de comprender siempre es personal, siempre es egoica, siempre está basada en el pasado y siempre necesita ser defendida. El Curso te lo dice: esto no es visión. Es un significado aprendido, y es necesario desaprenderlo. Y cuando lo sueltas aparece la pregunta que hace la lección 3: ¿cómo vas a entender algo si ya lo juzgaste? Eso es lo que no vemos: que estamos opinando, que incluimos una idea de lo que está bien o mal, y así perdemos la visión de la perfección que tiene cada cosa.
Con los pensamientos es todo más sencillo de ver de lo que parece. Revisa los que tuviste hoy o ayer: ya no están en tu mente. Quizá algunos te hicieron sufrir mucho, pero ya no están ahí, y los que tienes ahora tampoco estarán luego. Por eso no significaban nada. Si quieres profundizar en este cambio de mirada, lee cómo cambiar tu percepción y cambiar tu experiencia.
¿Cómo practicar el repaso de hoy?
- Lee las cinco lecciones con calma, una detrás de otra.
- Elige quizá una de ellas en especial y dedícale un tiempo: hay una llave aquí.
- Observa tu mente y reconoce que los pensamientos cambian, que unos duelen, otros culpan y otros hacen muchas preguntas, y que ninguno se queda.
- Cuando te disgustes, recuerda que no es por la razón que crees; baja las defensas y las armas.
- Suelta esos pensamientos para empezar a pensar con Dios: esos pensamientos reales, que son la base de la creación y que te están creando a ti.
¿Qué cambia con el repaso, y si no sientes nada?
Lo que cambia es que dejas de defender un significado que nunca fue tuyo. Entregar es bajar las armas y reconocer que hay algo del ego que ver y que soltar. Y para entender mejor eso que se defiende, puedes leer qué es el ego y cómo reconocerlo.
Si hoy sientes solo vacío o confusión, es normal: es lo que dice la lección 3, y no es un fallo. Si el disgusto se vuelve muy intenso y no te suelta, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con el repaso de las lecciones 6 a 10.
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