Lección 118: Repaso, la dicha no se sustituye
¿Qué estás esperando que llegue para por fin sentirte en paz? Un logro, una persona, un cambio. Los dos ejercicios de repaso de hoy apuntan a que dejes de esperar. Vienen después de la lección 117, el repaso de la 103 y la 104 y juntan la lección 105, mías son la paz y la dicha de Dios con la 106, déjame aquietarme y escuchar la verdad.
¿Qué son los sustitutos de la dicha?
En estas lecciones Jesús nos trae algo esencial: empezar a liberarnos de los sustitutos. Dentro del marco del tiempo hemos reemplazado la dicha por algún sustituto: conseguir algo externo, encontrar una relación que me salve, una relación especial, descubrir algo que me va a ayudar de manera temporal. Todo eso es parte de un desaprendizaje y de un camino, pero con estas lecciones apuntamos a descubrir lo que siempre es.
Esos logros también te van a dar felicidad, pero una felicidad más profunda, centrada en la eternidad de tu ser y no en logros temporales que luego tememos que se vayan. Así sucede cuando la mente opera en el tiempo: conseguimos algo y luego tenemos miedo de perderlo. Si reconocemos que estamos en la mente santa, no hay logro que puedas alcanzar que no beneficie a toda la mente humana. Y un logro que no puede beneficiar a todos no es más que un alimento para el ego. Sobre cómo se disfraza ese ego, te sirve qué es el ego según el Curso.
¿Por qué esa paz es mía si hoy siento angustia?
La primera lección dice que la paz y la dicha de Dios son tuyas. Esa paz no es individual: la vamos a reconocer incluso en cada ser, también en quienes experimentan angustia de manera temporal, porque en la profundidad de su interior está esta paz. A veces solo hace falta un instante de luz, un instante de abrir el ojo interno, para reconocerla.
Más allá de lo que vivas durante el día, esa paz y esa dicha están en tu interior de manera constante. Lo único que tienes que evitar es sustituirlas por una paz temporal que ocurra de manera separada solo para ti. Aunque hoy sientas angustia, no importa en absoluto: esa angustia solo está ocurriendo en tu mente atada al tiempo, mientras que en tu ser eterno la paz ya está ocurriendo. Si la angustia es muy fuerte, busca también acompañamiento profesional, y puedes apoyarte en estos 4 pasos para calmar la ansiedad.
¿Cómo practicar el repaso de las lecciones 105 y 106 hoy?
- Reconoce que la paz y la dicha de Dios ya son tuyas, sin buscar un sustituto temporal.
- Date el tiempo de aquietarte: aquietarnos para escuchar la verdad es el único camino.
- Reconoce el ruido de tu mente, la que habla y habla sin decir nada, como el ego. Es necesario aquietar ese ruido.
- Cierra los ojos y observa. Escucha con atención: la verdad te hablará en palabras que entenderás de manera perfecta.
- Deja que llegue como quiera: una imagen, un recuerdo, algo que ves, una señal o una frase iluminada en tu mente.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Así como el Curso te muestra que el ego es la causa de la infelicidad y Dios la causa de la plenitud, también te muestra que el ego es el ruido constante. Cuando lo aquietas, puedes empezar a recibir esa paz que te corresponde, que es la paz natural. Con la práctica el aprendizaje se asienta, lo empiezas a sentir y luego a vivir. Para escuchar mejor esa voz, mira cómo escuchar tu voz interior cuando el ego habla primero.
Hoy, una vez más, es un día santo, el eterno día donde empezamos a descubrir lo que siempre hemos sido, lo que siempre seremos y lo que, por tanto, hoy somos. Mañana seguimos con la lección 119, el repaso de la 107 y la 108.
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