Lección 150: Repaso, tu mente es casa de Dios
Es posible que hoy te pase algo curioso: al llegar al final del repaso, lo vas a extrañar. La lección 150 cierra este trabajo, y llega después de la lección 149, el repaso de la 137 y la 138.
¿Qué cierra el repaso de la lección 150?
Con esta lección cerramos el repaso, aunque en realidad lo puedes continuar después. Es, ni más ni menos, reconocer tu mente como albergue de Dios, como la casa de Dios, ese altar interno del que habla el Texto, el altar del Espíritu Santo, donde tu mente empieza a vibrar en iluminación. Por eso cerramos con la frase central, «Mi mente alberga solo lo que pienso con Dios». Nos damos un tiempo para ingresar ahí, reconocerlo, vivirlo, experimentarlo. Si quieres saber quién es esa voz que habita tu mente, lee por qué el Espíritu Santo está en tu mente.
¿Qué significa aceptar la expiación para ti mismo?
La lección 139 es esencial: cada ser tiene que aceptar la expiación. Te recuerdo que no todos lo van a hacer de la misma forma que tú. Como te dice el Manual para el maestro, este es un curso dentro de un camino universal, y otro lo llamará de otra manera. Dentro de nuestro vocabulario, nuestro deseo de liberarnos por completo de toda ilusión se llama expiación. Al aceptarla estás liberando a toda la mente: tu vibración llega a tus familiares, a tus seres queridos, a gente que no conoces y que simplemente está conectada contigo. Para profundizar, lee por qué expiar es deshacer lo que aprendiste.
¿Y qué cura la salvación?
La lección 140 dice que la salvación es lo único que cura. Hoy, con estas dos lecciones, nos decidimos a curarnos y a aceptar la expiación. Y sobre todo reconocemos nuestra mente como el espacio en el cual Dios piensa. Hablo de sanar la mente; si atraviesas un sufrimiento fuerte, busca también acompañamiento profesional.
¿Cómo practicar el repaso de la lección 150 hoy?
- Cierra con la frase central: date un tiempo para ingresar en ella y experimentarla.
- Decide curarte y aceptar la expiación para ti mismo.
- Reconoce tu mente como el espacio en el que Dios piensa.
- Suelta el ruido, los pensamientos y esas nubes que muestran tormentas que van y vienen, como las veraniegas, y deja que el cielo sea reconocido como lo que es.
¿Qué cambia cuando tu mente es un albergue?
Reconocemos que en nuestra mente está tanto la cárcel como Dios: es el albergue del ego mientras estemos dormidos y también de la voz más elevada del universo. Hoy escuchamos la voz de Dios, somos un albergue para ella y empezamos a reconocer que los pensamientos de Dios son nuestros propios pensamientos. Qué manera hermosa de finalizar este repaso. Te bendigo, hermano, hermana mía, y gracias, gracias, gracias. Mañana empieza una nueva etapa con la lección 151, donde comienza tu ministerio.
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