Lección 83: Repaso, mi función es mi felicidad
¿Y si para cumplir la función que Dios te dio tuvieras que dejar tu trabajo, tu casa o a tu familia? Mucha gente lo teme cuando lee estas frases. Hoy llegamos al repaso 83, que viene después de la lección 82, el repaso de las lecciones 63 y 64, y me gustaría quitarte ese miedo desde el principio.
¿Qué significa «Mi única función es la que Dios me dio»?
Es la primera idea de este repaso, la de la lección 65. Nosotros nos hemos dado tantas funciones y hemos pensado tantas cosas, que a veces parece que esto nos obligara a dejarlo todo: renuncio a mi trabajo, a mi familia, me sacrifico para cumplir la función de Dios. Te lo digo con claridad: no tienes que dejar nada ni sacrificar nada. Estás en el lugar perfecto, en el lugar indicado, y todo lo que te rodea es divino. Todo lo que has vivido es parte de tu función.
Nuestra función, dentro del despertar, es empezar a reconocer la función que Dios nos da, y eso no tiene que ver con el ascetismo. Sí, el Curso te pide que renuncies al mundo, pero ¿a qué mundo se refiere? Al mundo del ego. Hoy seguimos haciendo lo que hacemos en lo cotidiano, solo que lo hacemos desde una conciencia de unicidad, desde una conciencia de amor. Todo eso es hermoso, pero sin este propósito divino pierde total sentido. Si quieres profundizar en esto, tienes una mirada sobre cómo reconocer tu propósito.
¿Por qué la función y la felicidad son una sola cosa?
Eso nos lleva a la lección 66, que dice que tu función y tu felicidad son la misma. Por eso el Curso empieza a hablarte del sueño feliz. Quizá sigas experimentando este mundo con sus personajes, quizá a veces te pones en un lugar y te enredas, pero sientes esa felicidad. Seguimos en el sueño, sí, pero es un sueño feliz, un sueño que está a un paso del conocimiento, a un paso de Dios.
Y ese paso final, como dice el Curso, lo da Dios. Por eso nuestro trabajo no es forzar nada. Es empezar a reconocer que todo es perfecto, que hay un amor en todo, y anhelar esa revelación divina. A la vez, nuestro trabajo es tan simple y tan claro como ser felices. Así nos convertimos en una luz para el mundo, así se produce el perdón, así entra la salvación en nuestra mente y llega realmente el milagro. Lo explico con más detalle en qué es un milagro según el Curso.
¿Cómo practicar este repaso hoy?
Además de las dos frases, te propongo algo que puedes sumar a tu rutina:
- Lee las dos lecciones de repaso y ve al silencio, como haces cada día.
- Mira tu jornada de hoy tal como es, con tu trabajo y tu familia, y haz lo que sientes que te toca hacer, pero reconociendo que es tu función.
- Escribe tus propias variaciones. Así como el libro te va dando variaciones al final de cada práctica, te recomiendo que empieces a escribir las tuyas: las que surjan de tu interior, las que hablen a través de la voz del Espíritu Santo y tengan tu propia impronta.
- Conéctate con un lado poético y expresivo, donde eres simplemente un canal y dejas que, a través de tu pluma, la voz del Espíritu te dé frases iluminadas que te acompañen en cada lección.
- Anota esas frases en el mismo momento en que lees y haces silencio; quizá se conviertan en un poema a la vida, en un canto al amor.
¿Qué cambia cuando lo practicas, y si no sientes nada?
Cambia el lugar desde el que haces las cosas: lo cotidiano sigue igual, pero deja de sentirse como un obstáculo. Nadie de nosotros está en un lugar equivocado; lo único que tenemos que hacer es encontrar la solución al problema de la separación, unirnos en amor y empezar a traer felicidad en este sueño donde parecemos separados.
Si hoy no sientes esa felicidad, no la fuerces: el repaso sirve justamente para abrirnos un escalón más y reconocer aquello que nunca ha cambiado, pero que no veíamos por estar dormidos. Y si lo que te pesa es un sufrimiento fuerte, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con el repaso de las lecciones 67 y 68. Bendita lección de repaso: la luz ha llegado a tu interior y va a empezar a alumbrar el mundo.
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