Autoconocimiento, perdón, pareja, emociones y Un Curso de Milagros: las charlas de Gabriel Gowezniansky escritas para leer, sus respuestas a tus preguntas y sus libros, para empezar gratis.

Porque el ego proyecta. Lo que odias, niegas, temes o rechazas en otro está dentro de ti: si está en el otro, no es culpa mía. Cada persona funciona como un espejo, y cuando te animas a mirar adentro sin miedo puedes ver lo que rechazas, soltarlo y pasar de la proyección a la extensión.

Según Gabriel Gowezniansky, cuando una pareja se separa los dos lo quieren, aunque solo uno lo diga. La relación expresa el nivel de conciencia de ambos: en la separación se vive como conflicto y negociación; en la unidad los dos descubren que quieren lo mismo.

Porque dar y recibir ocurren a la vez: lo que enseñas, lo aprendes. Según Un Curso de Milagros, quien se ha curado se vuelve instrumento de curación, y hasta no enseñar lo que comprendió siente que no cumple su función. Y enseñar no es hablar tú: es hacerte a un lado y dejar que la voz hable.

Son cuatro planos de lo mismo: el cuerpo espiritual, lo eterno de donde todo emana; el mental, el plano creador; el energético, las polaridades que expanden lo que la mente crea; y el físico, la energía densificada donde todo se expresa.

Para Gabriel Gowezniansky somos creadores dentro de la creación: como conciencia colectiva elegimos, consciente o inconscientemente, el mundo que vivimos. Pero crear no es un acto individual del ego, sino crear en conciencia de unidad, después de sanar.

Nació de dos personas en conflicto, Helen Schucman y William Thetford, profesores universitarios en Nueva York. Cuando Bill dijo «tiene que haber otro camino», Helen empezó a escuchar una voz que le dictó el curso durante siete años, como parte de un plan más grande que ellos.

Preguntándote cuál es tu don, cuáles son tus virtudes y qué tienes para dar. Tus dones no son tuyos: se expresan a través de ti en beneficio de otros. Cuando los pones al servicio no hay lugar para el ego y aparece una alegría infinita.

La superposición es confundir algo con lo que no es: poner sobre lo real la idea que tu mente tiene de eso, como quien ve una serpiente donde hay una cuerda. Según la sabiduría advaita, es la base de la separación y de cada vez que te sientes amenazado.