Autoconocimiento, perdón, pareja, emociones y Un Curso de Milagros: las charlas de Gabriel Gowezniansky escritas para leer, sus respuestas a tus preguntas y sus libros, para empezar gratis.

Perdonar es soltar: pasar por alto una situación y sacarle el poder que tiene sobre tu mente. No es hacerte el tonto, ni decir «te perdono» por buenos modales, ni perder al otro. Es una corrección interna: donde había culpa y juicio, ahora ves al otro, y a ti, con inocencia.

Según Un Curso de Milagros, el Espíritu Santo es la respuesta de Dios a la separación: la voz que, dentro de tu propia mente, te recuerda que nunca te separaste de Dios. Está en ti, solo conoce el presente y su única tarea es deshacer el ego.

Dejar ir a alguien que amas no es dejar de amarlo: es soltar el apego, la culpa y la imagen que proyectaste en esa persona. Cuando hay apego hay miedo; cuando hay amor hay libertad. Al reconocer la libertad del otro, lo que se pierde no es el amor, sino la dependencia.

La iluminación no es un logro para santos ni el resultado de una técnica: es un reconocimiento. Es tu estado natural, que no ves porque estás perdido en el pensamiento. Cuando lo sueltas, aparece esa luz y descubres lo que en ti es eterno.

Es una frase zen que te pide no poner la mente despierta afuera. Buda es la mente despierta: si la ves en otro, es un reflejo de tu inmadurez espiritual temporal. Cada maestro es tu propia información interior expresándose para que despiertes la maestría que ya hay en ti.

Según el Manual para el maestro, ser maestro no es ser perfecto: es entender que todo el tiempo estás enseñando y que lo que enseñas te lo estás enseñando a ti mismo. Cada maestro que despierta y comparte su luz ahorra miles de años de sufrimiento.

Seis características que ya están en ti: confianza en lo que recibes, liderazgo para organizar las energías, paciencia con los procesos, resiliencia ante las resistencias, guía interna y apertura para recibir nuevas ideas.

Según la indagación que enseñan Ramana Maharshi y Nisargadatta Maharaj, el yo que piensa en tu mente es una imagen construida, no lo que eres. Si ese yo se calla aunque sea un segundo, sigues existiendo: ahí asoma el yo real, tu estado natural de paz.